"Limpiar la sangre" no es un concepto clínico. No hay una sustancia que se acumule ahí esperando a que una infusión la arrastre. De filtrar la sangre se encargan el hígado, que transforma lo que hay que eliminar, y los riñones, que lo sacan por la orina, y lo hacen de forma continua, sin descanso y sin necesitar ayuda. Si esos dos órganos funcionan, no hace falta ayudarles con nada; si no funcionan, eso es una enfermedad y la trata un médico, no un herbolario.

Esta página llevaba publicada una lista de once plantas "depurativas" con afirmaciones que hay que retirar sin matices: que la bardana contiene elementos anticancerígenos útiles para tratar a pacientes con cáncer, y que el diente de león trata ciertas formas de cáncer de sangre resistentes a los medicamentos. Nada de eso es cierto. En la Unión Europea, las declaraciones de propiedades saludables están reguladas por el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión Europea, no una web, y ninguna de estas plantas tiene una. Lo que sí tienen es interés como plantas de huerto y de jardín, que es de lo que va este artículo, y dos de ellas tienen un problema de toxicidad que la lista original ni mencionaba.

De dónde sale la idea del depurativo

La categoría de planta depurativa viene de la medicina humoral, el esquema clásico según el cual la enfermedad procedía de un desequilibrio de humores que había que corregir purgando, sangrando o "depurando". Cuando ese armazón teórico se abandonó, las plantas se quedaron y la palabra también. De ahí vienen las curas depurativas de primavera de la herboristería europea, con las primeras hojas amargas del año, y de ahí viene también buena parte del vocabulario que sigue usándose en las etiquetas.

Es historia interesante y merece contarse como lo que es: tradición documentada. La tradición dice qué ha hecho la gente durante siglos, no que funcione. Y no sustituye a un tratamiento ni a una consulta médica.

Dos de las once son tóxicas

Empezamos por aquí porque la lista original las recomendaba sin una sola advertencia.

La primera es la que aparecía con su nombre inglés sin traducir, poke root: es la raíz de la hierba carmín o fitolaca, Phytolacca americana. Es una planta tóxica por ingestión, con la raíz y los frutos inmaduros como partes más peligrosas, y su jugo puede irritar la piel. Los racimos de bayas negras brillantes sobre pedúnculos rosa fuerte son muy llamativos y atraen a los niños, que es justo el escenario que hay que evitar. En el sur de Estados Unidos existe una tradición culinaria con los brotes muy tiernos que exige un procesado concreto; fuera de ese contexto la planta se trata como tóxica y no se come. Ante una ingestión, al médico, o al Instituto Nacional de Toxicología, que atiende en el 91 562 04 20.

Racimos de bayas de Phytolacca americana Hierba carmín (Phytolacca americana). Los racimos de bayas negras sobre raquis rosa son inconfundibles, y son la parte que más accidentes provoca en niños.

La segunda es el chaparral, Larrea tridentata, un arbusto de los desiertos del suroeste norteamericano. Su consumo se ha asociado a casos de daño hepático, algunos graves, y por eso su venta como suplemento se ha restringido en varios países. La propia lista original lo admitía a media voz mientras seguía recomendándolo. No es una planta que tenga sentido tomar, y aquí no se cultiva.

Nombres mal traducidos, un clásico

Hay un detalle que dice mucho sobre cómo se fabricó ese texto. Aparecía en la lista una planta llamada "muelle amarillo". No existe. Es la traducción automática de yellow dock, que en inglés designa a la romaza crespa o lengua de vaca, Rumex crispus, una poligonácea de bordes de camino con las hojas largas y el margen ondulado. La palabra dock se tradujo como muelle de puerto.

Algo parecido pasa con la acedera de oveja, que es Rumex acetosella, la acedera menor, prima pequeña de la anterior. Esa sí se conoce en la cocina por su sabor ácido, que se debe al ácido oxálico, y precisamente por los oxalatos conviene comerla con moderación y no es recomendable para quien tenga propensión a los cálculos renales. La uva de Oregón, en cambio, sí tiene nombre asentado en español: es la mahonia, Mahonia aquifolium, arbusto de hoja perenne y espinosa muy usado en jardinería de sombra en España, con flores amarillas al final del invierno y bayas azules de aspecto de uva diminuta.

Las que sí valen la pena en el huerto

Quitando las promesas, queda una lista razonable de plantas cultivables, y algunas son muy agradecidas.

La bardana (Arctium lappa) es una bienal enorme, de hojas basales anchas como las del ruibarbo y capítulos con brácteas terminadas en gancho. Esos ganchos son famosos por otra razón: fueron lo que inspiró el velcro, después de que un ingeniero suizo se hartara de quitárselos del pantalón y del perro y mirara uno al microscopio. En Japón se cultiva como hortaliza con el nombre de gobo, y lo que se come es la raíz del primer año, larga y pivotante, que se arranca antes de que la planta suba a flor. Quiere suelo profundo y mullido, porque en terreno compacto la raíz sale torcida y no hay quien la saque entera. Es planta grande: dale sitio.

Capítulos de bardana con las brácteas ganchudas Los capítulos de la bardana, con las brácteas rematadas en gancho. De ahí salió la idea del velcro, y de ahí también que se enganchen al pelo de los animales y viajen con ellos.

El diente de león (Taraxacum officinale) no hay que cultivarlo: ya está. Pero si lo quieres como verdura, se siembra en hilera y se aprovechan las hojas jóvenes de primavera, antes de que la planta florezca y el amargor se dispare. Blanquear la mata cubriéndola unos días para que crezca sin luz suaviza mucho ese amargor, que es el mismo truco que se usa con la endibia. La raíz pivotante es profunda y frágil, así que arrancar un diente de león entero de un tirón es casi imposible: el trozo que queda rebrota.

Capítulos amarillos de diente de león Diente de león en flor. Como verdura interesan las hojas jóvenes de antes de la floración; después el amargor sube mucho.

La equinácea (Echinacea purpurea y compañía) es, antes que nada, una vivaz de pradera norteamericana excelente para el jardín español de sol. Aguanta la sequía una vez establecida, quiere suelo que drene y detesta el encharcamiento invernal, florece desde el verano hasta bien entrado el otoño y sus capítulos de cono erizado se sostienen en pie en seco durante el invierno, dando de comer a los pájaros. En una pradera seca con gramíneas ornamentales funciona muy bien.

Capítulos de equinácea de flor blanca Equinácea de flor blanca. El cono central erizado, que da nombre al género, aguanta el invierno en pie y alimenta a los pájaros granívoros.

El trébol rojo (Trifolium pratense) es una forrajera de primer orden que fija nitrógeno y un imán de abejorros; su historia y su cultivo dan para artículo propio. Y la romaza y la acedera menor son plantas de ruderal que rara vez se siembran a propósito, aunque la acedera de huerta, Rumex acetosa, sí se cultiva por sus hojas ácidas para sopas y salsas.

Las que aquí no se cultivan

Tres de la lista son tropicales y no tienen recorrido en España fuera de invernadero o de Canarias. El neem (Azadirachta indica) es un árbol del subcontinente indio; su aceite es conocido en jardinería, pero el uso de cualquier producto fitosanitario está sujeto al Real Decreto 1311/2012 y al registro del ministerio, y en jardinería doméstica solo pueden emplearse productos autorizados para ese uso, con la dosis que figure en la etiqueta del envase. El amla o grosellero indio (Phyllanthus emblica) es otro árbol tropical. Y el chaparral, ya visto, es un arbusto de desierto que además no conviene consumir.

En resumen

La sangre no se limpia con plantas porque no hace falta limpiarla: para eso están el hígado y el riñón, y cuando fallan el problema es médico. La categoría de planta depurativa es una herencia de la medicina humoral que se quedó en el vocabulario comercial mucho después de que su fundamento se abandonara, y las afirmaciones sobre cáncer que arrastraba esta página son falsas y quedan retiradas.

Lo que queda es mejor de lo que parece. La bardana es una hortaliza de raíz seria y el origen del velcro, el diente de león da una verdura amarga de primavera si se coge a tiempo, la equinácea es una de las mejores vivaces para un jardín seco y soleado, y la mahonia resuelve rincones de sombra difíciles. Y dos de las once, la hierba carmín y el chaparral, son plantas que no hay que comer.


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