Una sabana no es un bosque a medio hacer ni un desierto con suerte. Es un bioma con reglas propias: una capa continua de hierba y, sobre ella, árboles y arbustos dispersos que nunca llegan a cerrar el dosel. Lo que impide que esos árboles se junten y formen bosque no es solo la falta de lluvia, son tres fuerzas que actúan a la vez: la estación seca, el fuego y los herbívoros.

Entender esas tres fuerzas explica la forma de cada planta de la sabana mucho mejor que una lista de nombres: la copa en paraguas de la acacia, el tronco hinchado del baobab, las hierbas que rebrotan desde abajo después de arder. Un aviso antes de seguir, porque alguna de estas plantas se vende para jardín: las euforbias candelabro, que parecen cactus, sueltan un látex blanco cáustico que irrita piel y mucosas y puede dañar gravemente el ojo. Si te salpica, lavar con agua abundante y acudir al médico o al Instituto Nacional de Toxicología; con animales, al veterinario.

Paisaje de sabana con pasto continuo, arbolado disperso y bosque en las vaguadas

La estructura típica: hierba continua hasta el horizonte y árboles sueltos, con vegetación más densa solo en las vaguadas, donde se acumula el agua.

Dónde hay sabanas y por qué no todas son africanas

La sabana africana es la más conocida, pero el bioma se repite en otros continentes con la misma estructura y familias distintas. En Sudamérica están el cerrado brasileño y los llanos de Venezuela y Colombia. En el norte de Australia hay sabanas dominadas por eucaliptos. En la India y en el sudeste asiático hay formaciones equivalentes, muy modificadas por siglos de uso.

Esto importa al leer cualquier lista de "plantas de la sabana", porque suelen mezclar continentes. Los eucaliptos son australianos y no crecen de forma natural en África; los baobabs africanos no están en Australia (aunque el género Adansonia tenga representantes en Madagascar y uno en Australia). Cuando una lista pone eucaliptos y acacias africanas en la misma frase sin decir nada, está juntando dos sabanas distintas.

La hierba es la protagonista, aunque nadie la fotografíe

Las gramíneas son la base del bioma. Muchas de las que dominan en sabanas cálidas usan la vía fotosintética C4, más eficiente con calor intenso y luz fuerte. Su gran ventaja frente al fuego y al diente del herbívoro es dónde tienen las yemas: a ras de suelo o bajo tierra, en rizomas y macollas. Se puede quemar o pastar toda la parte aérea y la planta rebrota desde la base en cuanto llueve.

Un árbol joven no tiene esa ventaja. Sus yemas están arriba, expuestas. Por eso en la sabana hay tantos arbolillos atrapados durante años en un estado de rebrote continuo, incapaces de superar la altura crítica a partir de la cual el fuego ya no los mata. La sabana no es un paisaje estático, es un pulso permanente entre hierba y árbol.

El fuego forma parte del sistema

En la sabana el fuego recurrente de estación seca es un factor ecológico, no una catástrofe puntual. Muchas especies leñosas están adaptadas a él: cortezas gruesas y aislantes, yemas protegidas, capacidad de rebrotar de cepa o de raíz. Hay incluso plantas leñosas cuyo tronco está enterrado, con solo las ramas asomando sobre el suelo, una forma de crecimiento que solo tiene sentido donde la parte aérea arde con regularidad.

La consecuencia práctica es que suprimir el fuego por completo en estos paisajes suele espesar el arbolado y desplazar a la flora de pastizal. La gestión de sabanas no consiste en apagar siempre, sino en el régimen: frecuencia, intensidad y época del año.

La acacia: espinas, copa plana y hormigas

Las acacias africanas (muchas reclasificadas hoy en los géneros Vachellia y Senegalia, aunque en el lenguaje corriente se sigan llamando acacias) son el árbol emblema del bioma. Vachellia tortilis, la acacia de copa plana, tiene la silueta que todo el mundo reconoce: ramas que se abren en horizontal y una copa aplanada como una sombrilla.

Acacia de copa plana aislada en un pastizal seco de sabana

La copa en sombrilla no es casual: por debajo queda ramoneado por los herbívoros hasta una línea muy marcada, la altura a la que llegan.

Sus defensas son un catálogo en sí mismas: espinas, hojas muy divididas que se pliegan, taninos que aumentan cuando el árbol es mordido y, en algunas especies, hormigas que viven dentro de espinas huecas y atacan al herbívoro. Lo contamos con detalle en cómo se defiende la acacia de los animales herbívoros.

Aquí hace falta un apunte que el texto del que procede este artículo se saltaba. De la goma que exudan algunas acacias (la goma arábiga) se afirmaba que servía para la garganta, la diarrea o la inflamación. Eso no se sostiene y no se publica: no hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas en la Unión Europea para prácticamente ninguna de estas plantas, y las que existen están en el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión, no un artículo de internet. La goma arábiga es un producto alimentario usado como espesante y estabilizante, y con eso basta.

El baobab: un tronco que es un depósito

El baobab africano (Adansonia digitata) resuelve la estación seca de dos maneras. Pierde la hoja y se queda desnudo durante meses, reduciendo a casi cero la pérdida de agua, y almacena agua en un tronco de madera blanda y fibrosa, desproporcionadamente grueso respecto a la copa. De ahí su aspecto de árbol plantado del revés, con las raíces al aire.

Baobab africano con tronco muy grueso y ramas gruesas con poca hoja

Tronco enorme y copa escasa: la proporción delata a un árbol que invierte en reserva de agua y aguanta meses sin hoja.

Es una especie de crecimiento lento y longevidad muy alta, y sus flores, grandes y blancas, se abren de noche. En España se cultiva como planta de colección, en maceta y con protección invernal, no como árbol de jardín: en el cultivo del baobab está el detalle.

Euforbias candelabro: parecen cactus y no lo son

Las euforbias arborescentes africanas, del tipo Euphorbia ingens o Euphorbia candelabrum, son el mejor ejemplo de convergencia que existe: tallos verdes, suculentos, acostillados y espinosos, exactamente el aspecto de un cactus columnar americano. Pero no son cactáceas, son euforbiáceas, y la diferencia se nota al primer corte: sueltan látex blanco, cosa que los cactus no hacen.

Euforbia arborescente con tallos verdes acostillados formando una copa de candelabro

Porte de candelabro, tallos suculentos y acostillados. Parece un cactus gigante, pero es una euforbia: al herirla sale látex.

Ese látex es el motivo del aviso del principio. Al podarlas o manipularlas conviene guantes y gafas, y mantener a niños y mascotas lejos de los restos de poda.

Rastreras con reserva de agua en el suelo

Entre la hierba aparecen cucurbitáceas rastreras de zonas áridas, con tallos largos, hoja muy dividida y frutos redondeados que almacenan agua. En el Kalahari la más conocida es el melón tsamma, del género Citrullus, pariente silvestre de la sandía.

Fruto redondeado de una cucurbitácea silvestre sobre suelo arenoso, con tallos rastreros

Cucurbitácea rastrera de suelo arenoso. El fruto es agua almacenada, y en estos ambientes eso lo convierte en un recurso para la fauna.

Conviene no convertir esto en un consejo de supervivencia. En las cucurbitáceas silvestres hay poblaciones amargas, y ese amargor indica cucurbitacinas, compuestos que sientan francamente mal. Con la familia entera, incluidas las de huerto, la regla es la misma: lo que amarga se escupe y se tira.

Lo que la sabana ha dejado en los jardines españoles

Varias leñosas de sabanas y matorrales secos del hemisferio sur se plantaron aquí por su rusticidad, y algunas se han ido de las manos. Distintas acacias australianas, entre ellas la mimosa (Acacia dealbata), figuran en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013, con las restricciones de comercio y posesión que eso implica. Antes de plantar una leñosa exótica de crecimiento rápido, la comprobación en ese catálogo es obligada.

Lo que sí se puede llevar al jardín es el planteamiento: gramíneas ornamentales que rebrotan de mata, leñosas de hoja pequeña y raíz profunda, y la idea de que el suelo desnudo entre plantas no es un fallo de diseño, sino parte del modelo.

En resumen

La sabana es hierba con árboles dentro, y lo que mantiene ese equilibrio son la estación seca, el fuego y los herbívoros. Cada planta característica responde a esas tres presiones: la acacia con espinas y química defensiva, el baobab con un tronco que hace de depósito y meses sin hoja, las euforbias con tallos suculentos y látex, las gramíneas con las yemas a salvo bajo tierra.

Con ese esquema, cualquier lista de plantas de sabana se ordena y se depura. Y se ven los errores habituales: mezclar eucaliptos australianos con acacias africanas sin avisar, o colgarle a la goma arábiga virtudes medicinales que ninguna autoridad ha autorizado.


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