Empecemos por lo que hay que dejar claro antes que nada: ninguna planta convierte agua no potable en agua potable. No existe una hierba que puedas meter en una botella durante una excursión para poder beber de un charco. Si estás en el monte y te quedas sin agua, lo que potabiliza es hervirla, un filtro homologado o pastillas potabilizadoras, y punto. Todo lo demás es inventado y puede acabar en una gastroenteritis seria.

Dicho eso, las plantas sí depuran agua, y de verdad. Lo hacen en una técnica de ingeniería bien documentada y utilizada en España desde hace décadas: los humedales artificiales, también llamados humedales construidos o, cuando el agua circula bajo la grava, de flujo subsuperficial. Tratan aguas residuales, no las potabilizan, y esa distinción es toda la diferencia entre una tecnología real y un consejo peligroso.

Qué es un humedal artificial

Es una balsa impermeabilizada rellena de grava o arena, plantada con vegetación de ribera, por la que se hace circular agua residual previamente decantada. El agua entra por un extremo, atraviesa el lecho despacio y sale por el otro con la carga orgánica y los nutrientes muy reducidos. Nada se mueve con bombas si el terreno tiene pendiente, no hay reactores ni aireadores, y el consumo energético es mínimo.

Hay dos familias. En los de flujo superficial la lámina de agua queda a la vista, como en una laguna somera con carrizal. En los de flujo subsuperficial el agua circula siempre por debajo de la superficie de la grava, de manera que no hay lámina libre, no hay olor y no hay mosquitos. Los subsuperficiales, a su vez, pueden ser de flujo horizontal o vertical, según el agua atraviese el lecho a lo largo o de arriba abajo.

Su terreno natural es la depuración de poblaciones pequeñas, urbanizaciones aisladas, cámpings, queserías, bodegas y casas rurales: sitios donde una depuradora convencional resultaría desproporcionada de construir y, sobre todo, de mantener. El marco que obliga a depurar en la Unión Europea es la Directiva 91/271/CEE sobre tratamiento de aguas residuales urbanas, traspuesta en España por el Real Decreto-ley 11/1995 y su reglamento de desarrollo.

Lo que hace la planta y lo que no

Aquí hay otro malentendido frecuente. La planta no filtra el agua como si fuera un colador, ni la limpia por sí sola. La mayor parte del trabajo lo hacen las bacterias que forman biopelícula sobre la grava y sobre las raíces, que degradan la materia orgánica. Lo que aporta la vegetación es tres cosas concretas.

La primera, oxígeno. Estas plantas tienen aerénquima, un tejido con grandes espacios de aire que les permite llevar oxígeno desde las hojas hasta las raíces enterradas en un sustrato saturado. Parte de ese oxígeno se libera en la rizosfera y crea microambientes aerobios en un lecho que, por lo demás, es anaerobio. Esa alternancia de zonas con y sin oxígeno es lo que permite que ocurran a la vez procesos distintos, como la nitrificación y la desnitrificación.

La segunda, superficie y estructura. El entramado de raíces y rizomas multiplica el sustrato donde se asienta la biopelícula y mantiene el lecho poroso, evitando que se compacte y se colmate tan deprisa.

La tercera, absorción de nutrientes. Las plantas incorporan nitrógeno y fósforo a su biomasa. Es una vía menor comparada con la actividad bacteriana, y solo cuenta de verdad si se siega y se retira el material; si la planta se seca en el sitio, los nutrientes vuelven al agua.

Carrizo (Phragmites australis) con las panojas maduras El carrizo es la especie de referencia en los humedales de flujo subsuperficial europeos. Sus rizomas mantienen el lecho de grava abierto y llevan oxígeno hasta la raíz.

Carrizo, la especie de referencia

El carrizo (Phragmites australis) es la planta que más se ha usado en estos sistemas en Europa, hasta el punto de que en inglés se llaman directamente lechos de carrizo. Es una gramínea perenne de ribera, con rizomas potentes, cañas altas y panojas plumosas, que soporta encharcamiento permanente, agua cargada y variaciones fuertes de nivel.

Conviene aclarar un punto, porque en internet circula mucho texto traducido de Estados Unidos que presenta al carrizo como una invasora temible. En Norteamérica hay un linaje introducido de la especie que sí está causando problemas serios en las marismas. En España el carrizo es una planta nativa y un componente normal de nuestras riberas, carrizales y márgenes de arroyo. Otra cosa es que, plantado en un estanque de jardín sin barrera de raíces, se expanda hasta ocuparlo entero: no es una invasora, es una planta vigorosa que hay que contener.

Espadañas y juncos

La espadaña o enea (Typha, con Typha latifolia y Typha domingensis entre las especies habituales aquí) es la otra gran protagonista. Se reconoce de lejos por la espiga cilíndrica marrón, parecida a un puro, y por las hojas largas y acintadas. Coloniza deprisa, aguanta aguas muy cargadas y tolera profundidades algo mayores que el carrizo.

Los juncos aparecen siempre en la lista, aunque el nombre se aplica de forma bastante elástica. Los juncos verdaderos son del género Juncus, con tallos cilíndricos lisos y una inflorescencia que parece salir por el lateral del tallo. En los humedales también se emplean ciperáceas como Schoenoplectus y especies de Carex, que mucha gente llama juncos sin serlo. La familia importa poco para el funcionamiento del sistema, pero importa bastante si vas a comprar planta: pide la especie por su nombre botánico.

Espigas de una ciperácea de orilla junto al agua Espigas cilíndricas de una ciperácea de orilla, del género Carex. Pese a la etiqueta con la que circula esta foto, no es un junco: los Juncus tienen la inflorescencia lateral y sin espigas peludas.

La regla general al elegir especie es simple y vale para cualquier proyecto: plantas de ribera propias de la zona. Son las que van a prosperar sin cuidados, las que no plantean ningún problema si un rizoma escapa aguas abajo y las que sostienen la fauna local.

Papiro, lenteja de agua y otros nombres de la lista

El papiro (Cyperus papyrus) funciona en humedales construidos en climas cálidos, y se usa en países tropicales y subtropicales. En la España peninsular no aguanta el invierno a la intemperie salvo en el litoral más suave, y lo que se ve en los estanques de jardín suele ser el falso papiro o paraguas (Cyperus alternifolius), más manejable y también sensible a la helada. Como planta de estanque están muy bien; como base de una depuradora en la meseta, no.

Umbelas de Cyperus La inflorescencia en paraguas de un Cyperus. El género aguanta el encharcamiento permanente, pero es sensible a las heladas.

La lenteja de agua (Lemna minor) es un caso distinto: no es una planta de lecho sino una diminuta flotante que forma una alfombra verde en la superficie. Se ha estudiado y utilizado en sistemas de lagunaje para retirar nitrógeno y fósforo, y su cosecha periódica es lo que retira realmente esos nutrientes del agua. En un estanque doméstico, la misma capacidad de multiplicarse la convierte en una plaga que hay que ir sacando con un cazamariposas.

Lenteja de agua vista desde debajo de la superficie Lenteja de agua vista desde abajo. Cada fronde lleva una sola raíz colgante y la colonia dobla su superficie en muy poco tiempo.

El vetiver (Chrysopogon zizanioides) aparece en casi todas estas listas, pero su papel es otro: se planta en líneas a nivel para sujetar taludes y frenar la erosión, y se ha ensayado en fitorremediación de suelos. Es una gramínea tropical de raíz profundísima, no una planta de humedal.

El esparto no depura nada

Y llegamos al error que más se repite en esta clase de artículos. El esparto (Macrochloa tenacissima, que durante mucho tiempo se llamó Stipa tenacissima) no tiene nada que ver con el agua. Es la gramínea de los espartales del sureste peninsular, una planta de secano extremo que vive en laderas pedregosas del Levante, Murcia, Almería y Albacete, adaptada a resistir sequías largas. Se ha aprovechado durante siglos por su fibra, para cuerdas, esteras, alpargatas y pleita.

Mata de esparto en una ladera seca El esparto vive en ladera seca y pedregosa. Verlo en su sitio deja claro por qué no puede ser un depurador de aguas estancadas.

Meterlo en una lista de plantas depuradoras es un despropósito que solo se explica por la forma en que se fabrican estos contenidos, mezclando párrafos de procedencias distintas. Basta ver dónde crece para entenderlo.

La planta que no debes usar

Hay una que sí aparece a menudo recomendada como depuradora y que en España está directamente prohibida: el jacinto de agua o camalote, Pontederia crassipes, antes Eichhornia crassipes. Absorbe nutrientes a gran velocidad, y por eso se propuso para tratar aguas, pero se escapa de cualquier balsa y ha colapsado tramos enteros del Guadiana. Figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013 y en la lista de especies exóticas invasoras preocupantes para la Unión del Reglamento (UE) 1143/2014, de modo que su posesión, transporte y comercio están prohibidos.

En resumen

Los humedales artificiales son una técnica real, madura y de bajo mantenimiento para depurar aguas residuales de poblaciones pequeñas, y el carrizo, la espadaña y los juncos y ciperáceas de ribera son sus plantas habituales. No son las plantas las que limpian por sí solas: aportan oxígeno a la rizosfera, superficie para las bacterias y estructura al lecho, y el grueso de la degradación lo hacen los microorganismos. Elegir especies de ribera propias de la zona es la única regla que conviene no saltarse.

Y la frontera que no se cruza: un humedal artificial trata agua residual para poder devolverla al medio en condiciones, no fabrica agua de beber. Nadie debería salir de un artículo como este pensando que puede beber de una charca porque haya juncos alrededor. Para beber, agua de una fuente potable, o hervida, filtrada o tratada con pastillas.


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