Compras una planta de hojas moradas preciosa, la pones en un rincón bonito del salón, y a los dos meses es verde. No se ha estropeado ni te han vendido otra cosa: el morado de las hojas depende de la luz, y en cuanto baja la intensidad la planta deja de fabricar el pigmento que lo produce. Ese es el problema práctico que tienen en común casi todas las especies de esta lista, y el que casi ninguna ficha explica.

El pigmento se llama antocianina. Es el mismo grupo de moléculas que tiñe el arándano, la col lombarda y el pétalo de una violeta, y la planta lo acumula en la vacuola de las células de la epidermis de la hoja. Absorbe la luz verde y azulada y refleja el rojo y el violeta, y el tono exacto depende del pH del interior de esa vacuola: más ácido tira a rojo, más neutro tira a morado y azulado. Debajo sigue habiendo clorofila, así que una hoja morada fotosintetiza igual; simplemente lleva un filtro de color encima o debajo.

Mata de Oxalis triangularis de hojas triangulares moradas con pequeñas flores rosa claro El falso trébol morado, Oxalis triangularis, una de las pocas de la lista que mantiene el color con luz indirecta.

Por qué a una planta le interesa tener hojas moradas

Hay dos situaciones distintas y conviene separarlas, porque llevan a cuidados opuestos.

En las plantas que son moradas por el haz, la cara de arriba, la explicación mejor sostenida es la protección frente al exceso de luz. La capa de antocianina hace de pantalla y amortigua la radiación que llega a los cloroplastos. Eso encaja con lo que se observa en el jardín: son plantas que necesitan sol para mantener el color, y que en sombra lo pierden porque ya no tienen nada de lo que protegerse.

En las plantas que son moradas por el envés, la cara de abajo, la cosa cambia. Muchas de ellas viven en el sotobosque tropical, a media luz. Se ha propuesto que esa capa púrpura del envés devuelve hacia arriba parte de la luz que ha atravesado la hoja, dándole una segunda oportunidad al tejido fotosintético. Es una hipótesis razonable y discutida, no un hecho cerrado, pero el dato práctico sí es firme: estas plantas no quieren sol directo y se queman con él.

Las de envés morado, para interior

Tradescantia zebrina es la más vendida del grupo. Hoja con dos bandas plateadas sobre fondo verde oliva y el envés de un morado intenso. Necesita luz abundante pero tamizada: en sombra las bandas se apagan, el envés vira a verde y los tallos se estiran con entrenudos largos y feos. Se recorta sin piedad para que rebrote tupida, y los esquejes enraízan en agua en cuestión de días.

Masa de tallos de Tradescantia zebrina con hojas rayadas en plata y envés morado En Tradescantia zebrina el morado está en el envés, y solo se ve cuando la mata cuelga y las hojas se giran.

Tradescantia spathacea, el maguey morado, forma rosetas de hojas lanceoladas verdes por arriba y púrpura vivo por debajo. La ficha original la llamaba Rhoeo spathacea: ese nombre está desfasado y el válido es Tradescantia spathacea. Aguanta muy bien y se usa mucho como tapizante en zonas cálidas del litoral y en Canarias. La savia irrita la piel de las personas sensibles y no debe llevarse a la boca, así que guantes al podarla.

Maranta leuconeura, la planta de la oración, tiene el envés rojizo o púrpura y unos nervios marcados por el haz. Pliega las hojas hacia arriba al anochecer, que es lo que le da el nombre. Es exigente: sombra luminosa, humedad ambiental alta y nada de sol directo, que le quema las puntas. El agua con mucha cal le mancha la hoja.

Hojas de Maranta leuconeura con nervadura roja marcada y envés rojizo visible La maranta enseña el envés rojizo cuando pliega las hojas al caer la tarde.

Hemigraphis es la más difícil de mantener en un piso. Hojas metalizadas por arriba y morado vinoso por debajo, y una necesidad de humedad ambiental que en una casa con calefacción no se cubre. Funciona bien en terrarios y en baños muy luminosos, y mal en un salón normal.

Hojas de Hemigraphis con la cara superior verde metálica y el envés morado intenso En Hemigraphis el contraste entre las dos caras de la hoja es el mayor de toda la lista.

El caso raro: cuando el morado son pelos

Gynura aurantiaca merece párrafo propio porque el color no está en el tejido de la hoja, sino en una pelusa densa de tricomas morados que la recubre. Si miras de cerca, el fondo de la hoja es verde oscuro; lo que ves violeta es el vello, y el brillo cambia según el ángulo con el que le dé la luz.

Hojas aterciopeladas de Gynura aurantiaca cubiertas de vello morado sobre fondo verde De cerca se ve que el morado de la Gynura es vello y no tejido de la hoja.

Eso condiciona el riego: no le mojes las hojas, porque el agua aplasta el vello y deja marcas permanentes. Se riega al pie. Necesita mucha luz para que el vello salga denso y bien coloreado; con poca, las hojas nuevas nacen casi verdes. Y produce unas flores anaranjadas de olor bastante desagradable que la mayoría de la gente corta en cuanto asoman.

Las de sol, para macizo y maceta de exterior

Tradescantia pallida es la tapizante morada del clima mediterráneo, la que antes se llamaba Setcreasea purpurea. Aquí la regla de la luz se ve en estado puro: a pleno sol es de un morado casi metálico, y a la sombra se vuelve verde pálida y se descuelga. Tenemos una ficha entera dedicada a ella en Tradescantia pallida.

El coleo es el otro gran clásico. Su nomenclatura ha dado muchas vueltas: se llamó Coleus blumei, luego Solenostemon scutellarioides y también Plectranthus scutellarioides, y el nombre que se acepta hoy es Coleus scutellarioides. Si ves los cuatro por ahí, es la misma planta. Con luz insuficiente estira los tallos y pierde intensidad; conviene pinzar las puntas para que ramifique y cortar las espigas de flor, que le quitan fuerza al follaje. Los detalles de cultivo están en los cuidados del coleo.

Hojas de coleo de color rojo intenso con el borde amarillo verdoso dentado No todos los coleos son morados: este cultivar es rojo carmín con borde amarillo. El género cubre casi todo el espectro menos el azul.

El boniato ornamental, Ipomoea batatas, se cultiva en jardinería por la hoja y no por el tubérculo. Los cultivares oscuros, del tipo 'Blackie', quieren sol directo: a media sombra se aclaran enseguida. Es la misma especie que el boniato de comer, aunque estas selecciones se han hecho mirando el follaje y no el sabor.

Planta de boniato ornamental variegada con hojas verdes, crema y rosa Cuidado al comprar: el boniato ornamental también se vende variegado en verde, crema y rosa, como este. El morado es otro cultivar distinto.

Completan la lista Oxalis triangularis, el falso trébol morado, que no es un trébol y que cierra las hojas de noche por un cambio de turgencia y no por crecimiento, y al que le conviene un periodo de reposo con el bulbo casi seco; y la begonia rex y la Cordyline fruticosa, que aportan morados, plateados y rosas en interior con luz indirecta.

Precauciones que conviene tener claras

Ninguna de estas plantas se cultiva para comerla, y algunas conviene manejarlas con cuidado. La savia de las Tradescantia irrita la piel y las mucosas, y el género figura entre las plantas consideradas tóxicas para perros y gatos. El Oxalis contiene ácido oxálico, que en cantidad sienta mal y también afecta a los animales domésticos. Si tienes caladios en la lista de deseos, ten presente que las aráceas llevan cristales de oxalato cálcico que irritan de verdad la boca y la garganta.

La norma práctica: macetas fuera del alcance de niños pequeños y de animales que muerdan plantas, guantes para podar la Tradescantia spathacea, y ante cualquier ingestión, médico, veterinario si es un animal, o el Instituto Nacional de Toxicología.

En resumen

El morado de las hojas lo hacen antocianinas, y su producción depende de la luz recibida. Por eso hay dos reglas contrapuestas y no una sola: las plantas de haz morado, como la Tradescantia pallida, el coleo oscuro o el boniato ornamental, quieren luz fuerte o directa y pierden el color en sombra; las de envés morado, como la maranta, la Tradescantia zebrina o el Hemigraphis, vienen del sotobosque, quieren luz indirecta abundante y se queman al sol.

Si tu planta morada se está volviendo verde, lo primero que hay que cambiar es el sitio, no el abono. Acércala a una ventana, respetando si necesita sol directo o luz filtrada, y en unas semanas las hojas nuevas saldrán con color. Las que ya han salido verdes no lo recuperan, así que poda esos tallos y deja que rebrote.


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