La rosa 'Blue Moon' no es azul. Es malva lila, un tono claro que en el capullo tira a violeta y que al abrirse se aclara hasta un lavanda pálido. Ninguna variedad de rosal produce azul real: el género Rosa carece de la vía metabólica que fabrica delfinidina, el pigmento responsable del azul en pensamientos, petunias o delfinios. Lo que se acerca son los malvas y los lilas, y 'Blue Moon' es uno de los más logrados de ese grupo.
Dicho eso, es un rosal que merece la pena por sí mismo y no como sucedáneo de nada. Es un híbrido de té de flor grande, forma clásica de copa alta y perfume intenso, uno de los más fragantes entre los rosales de color lila. Si lo que se busca es una rosa de corte perfumada y de un color poco frecuente en los jardines españoles, encaja bien. Si lo que se busca es azul, no existe.
Qué color tiene de verdad
El color de 'Blue Moon' cambia bastante según la fase de la flor y según dónde esté plantada. El capullo, cerrado y alargado, muestra vetas más oscuras, entre violeta y rosa profundo. Al abrirse, la flor se asienta en un lila plateado muy uniforme, y con los días se va aclarando hacia un tono pastel casi gris.
Ese aclarado no es un defecto de la planta, es la respuesta de los pigmentos malva a la luz y al calor. En el interior peninsular, con sol directo de mediodía en julio, las flores pierden el tono en dos o tres días. En una exposición de sol de mañana y sombra a partir de las dos o las tres de la tarde, el color aguanta bastante más y la flor dura más tiempo abierta. Es la diferencia más grande que se puede conseguir con esta variedad sin tocar nada más.
Conviene desconfiar de las fotografías de catálogo en las que la flor aparece de un azul saturado. Casi siempre están retocadas. Y conviene desconfiar todavía más de los ramos de "rosas azules" de floristería: son rosas blancas teñidas, normalmente por absorción de colorante a través del tallo.
Origen y nombres de la variedad
'Blue Moon' salió de la casa alemana Tantau en los años sesenta y se registró con el nombre 'Mainzer Fastnacht', que es como se la conoce en Alemania. En otros mercados circula como 'Sissi' o 'Blue Monday'. Es la misma planta con tres etiquetas distintas, algo muy habitual en el comercio de rosales: si en un vivero no aparece con un nombre, merece la pena buscarla con los otros.
Es una obtención por cruzamiento convencional, no una planta modificada genéticamente. Se lee lo contrario con frecuencia, probablemente por confusión con la 'Applause' de Suntory, que sí es transgénica y sí lleva un gen de pensamiento para producir delfinidina, aunque su color resultante también es lila y no azul.
Cómo es la planta
Se comporta como un híbrido de té de manual: porte erguido, poco ramificado, con tallos largos y rectos que terminan cada uno en una flor solitaria. Esa arquitectura es la razón de que sea tan buena para corte y la razón de que, plantada sola, resulte algo desgarbada. Ronda el metro de altura, con menos de un metro de anchura.
- Flor: grande, doble, con unos cuarenta pétalos y forma cónica alta al abrirse. Diámetro en torno a los 12 centímetros.
- Aroma: fuerte, dulce, con fondo cítrico. Es de las variedades lila más perfumadas.
- Floración: reflorece por oleadas de primavera a otoño, con pausas entre tandas.
- Follaje: verde oscuro mate, no demasiado denso.
- Aguijones: tiene, aunque no muchos. La idea de que es un rosal sin espinas es falsa.
El follaje escaso y mate es un dato práctico: significa poca superficie foliar de reserva, así que una defoliación por hongos le hace más daño que a un rosal de hoja brillante y abundante. Vale la pena tenerlo en cuenta al elegir sitio.
Dónde plantarla
Necesita sol, pero no el peor sol. El punto ideal en el clima mediterráneo es una orientación este o sureste, con luz directa desde primera hora y protección de las horas centrales del verano. En el norte peninsular, con veranos más suaves, aguanta bien el sol de todo el día.
El suelo importa menos de lo que suele decirse, mientras drene. Los suelos calizos del este y el sur de España, con pH alto, le van razonablemente bien: los rosales toleran la caliza mejor que la mayoría de arbustos ornamentales, y como mucho aparece algo de clorosis férrica en las hojas nuevas, con los nervios verdes sobre limbo amarillento. Lo que no perdona es el encharcamiento. En suelo arcilloso compacto, plantar sobre un caballón o corregir el hoyo con materia orgánica y arena gruesa.
Como no es una planta lucida por sí sola, funciona mejor en un arriate acompañada por debajo, con lavandas, nepetas o santolinas que tapen la base desnuda de los tallos. Cerca de un paso o de una zona de estar, porque el perfume es lo mejor que tiene.
Riego, abonado y poda
El riego se ajusta al clima, no a un número fijo de veces por semana. La regla útil es regar poco a menudo y mucho cada vez, para que el agua llegue en profundidad y las raíces bajen. En un verano de meseta o de Levante, con el rosal ya asentado, eso suele traducirse en dos o tres riegos abundantes por semana; en primavera y otoño, bastante menos; en invierno, nada salvo sequías largas. Regar al pie y no sobre las hojas, porque el agua sobre el follaje favorece la mancha negra.
El abonado se reparte en dos momentos. A finales de invierno, coincidiendo con la poda, un aporte de materia orgánica bien hecha (estiércol maduro o compost) alrededor del pie, sin tocar el injerto. Luego, durante la floración, un fertilizante específico para rosales siguiendo las dosis del envase. Los abonos de liberación lenta ahorran trabajo en jardines grandes.
La poda es la de cualquier híbrido de té: en vaso, a finales de invierno, cuando ya no se esperan heladas fuertes. En la mitad sur eso cae en enero o principios de febrero; en el interior norte, en febrero o marzo. Se quita la madera muerta, la débil y la que cruza hacia dentro, y se dejan tres o cuatro ramas principales cortadas a tres o cuatro yemas, cortando siempre por encima de una yema orientada al exterior. Durante la temporada, retirar las flores pasadas acelera la siguiente oleada.
Enfermedades más probables
'Blue Moon' no es de las variedades más resistentes. Le afectan sobre todo la mancha negra en primaveras húmedas y el oídio cuando alternan días cálidos con noches frescas, típico de mayo y de septiembre en buena parte de España.
Lo que más reduce el problema no es el tratamiento sino el manejo: distancia suficiente entre plantas para que corra el aire, poda que abra el centro del arbusto, riego al pie, y retirada y eliminación de las hojas caídas, que es donde el hongo de la mancha negra pasa el invierno. Este orden, prevención y medios físicos antes que producto, es el principio de gestión integrada de plagas que recoge el Real Decreto 1311/2012 sobre uso sostenible de productos fitosanitarios.
Si aun así hace falta tratar, en jardinería doméstica solo pueden emplearse productos autorizados para ese uso, que se consultan en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio. La dosis y el intervalo son los de la etiqueta del envase, sin excepciones, y no se trata con el rosal en flor ni en horas de vuelo de las abejas.
Dónde se compra y cuándo
La temporada de venta de rosales a raíz desnuda va de finales de otoño a principios de primavera, y es cuando hay variedad y buen precio. Fuera de esas fechas solo se encuentra en maceta, más caro y con menos donde elegir. Plantar a raíz desnuda en noviembre o diciembre en la mitad sur, algo más tarde donde hiela fuerte, da plantas mucho mejor asentadas para el primer verano.
En viveros especializados es una variedad clásica y fácil de localizar, sobre todo buscándola también como 'Mainzer Fastnacht'. También hay rosales de tonos lila en Amazon, donde algunos viveros venden en temporada; ahí conviene mirar bien la descripción, porque bajo el reclamo de "rosal azul" se lista de todo, incluidas semillas de origen dudoso que no producen nada parecido a la foto.
En resumen
'Blue Moon' es un híbrido de té alemán de flor grande, lila plateado y perfume fuerte, registrado como 'Mainzer Fastnacht'. No es azul, no está modificada genéticamente y sí tiene aguijones. Su mejor uso es como rosal de corte perfumado en un arriate acompañado, y su mejor emplazamiento en España es una exposición con sol de mañana, porque el sol duro del mediodía descolora sus tonos malva en pocos días.
El cultivo no tiene misterio: suelo drenado, riegos espaciados y abundantes al pie, abonado a finales de invierno y durante la floración, y poda en vaso al final del invierno. El punto débil son los hongos, mancha negra y oídio, y ahí la aireación, la limpieza de hojas caídas y el riego bien hecho valen más que cualquier producto. Si se compra a raíz desnuda en temporada, el rosal llega al verano siguiente ya establecido.