Plantar en arena pura, sin una brizna de compost, parece un error de principiante. La arena no aporta nutrientes y el agua la atraviesa en segundos, lo contrario de lo que pide cualquier manual cuando recomienda enmendar el terreno antes de plantar. Y sin embargo es la base de una de las técnicas de plantación de bajo mantenimiento que mejor está funcionando en climas secos.

El método consiste en extender una capa gruesa de arena, grava u otro árido lavado sobre el terreno existente y plantar directamente en ella, a raíz desnuda y sin nada orgánico. Se conoce como cama de arena y lo ha desarrollado el viverista y paisajista sueco Peter Korn, que lo aplica en Klinta Trädgård, el jardín y vivero que dirige con Julia Andersson en el sur de Suecia, donde cultiva así plantas de estepa, de montaña y de otros hábitats de suelo pobre. De ahí ha pasado a jardines de media Europa.

Amapolas de California (Eschscholzia californica), Papaver macrostomum 'Black Magic' y otras anuales germinadas en camas de arena.

Qué hace la arena que no hace el compost

La clave está bajo la superficie, donde un árido sin materia orgánica se comporta de forma muy distinta a un sustrato rico.

La superficie se seca y el fondo no. Los primeros centímetros de la capa pierden el agua enseguida y funcionan como un acolchado mineral: cortan la evaporación por capilaridad. Más abajo, la arena conserva la humedad de forma bastante estable. Un suelo rico y desnudo hace lo contrario, sube el agua a la superficie y la pierde.

La raíz se ve obligada a bajar. El agua de lluvia atraviesa la capa sin quedarse arriba, así que la planta solo la encuentra en profundidad. En un par de temporadas, un sistema radicular que en un parterre convencional se habría quedado en los quince primeros centímetros atraviesa la arena y penetra en el suelo natural. Esa es la razón real del ahorro de agua: no es la arena, es la profundidad de raíz que provoca.

Aparecen micorrizas. En un medio pobre en nitrógeno y sobre todo en fósforo, la raíz forma simbiosis con hongos micorrícicos: la planta les entrega azúcares y recibe agua y minerales de un volumen de suelo que no alcanzaría sola. Un sustrato abonado desactiva ese mecanismo.

Hay un cuarto efecto muy práctico: las hierbas oportunistas están adaptadas a suelos ricos y a la humedad superficial, así que en un árido seco germinan mucho menos, y las que germinan salen enteras al tirar de ellas.

Por qué encaja bien en el clima español

La técnica nació en el sur de Suecia, donde el problema del jardinero es el invierno húmedo. Aquí lo es el verano, y aun así la traducción es directa: casi todas las plantas mediterráneas vienen de suelos pedregosos, pobres y muy drenados, así que plantarlas en un hoyo relleno de compost y regarlas en agosto reproduce las condiciones que no toleran. La lavanda, el romero o la santolina rara vez se mueren de sed en un jardín español; se mueren de asfixia radicular y de hongos de cuello en un suelo rico que se mantiene húmedo con el calor.

Lo que sí hay que ajustar al pasar de un clima frío y húmedo a uno mediterráneo:

  • Más profundidad. Donde en el norte de Europa bastan 20 cm, aquí conviene ir a 30 cm o algo más. La franja superficial que se seca es mucho más gruesa con nuestra insolación, y si la capa se queda corta la reserva húmeda desaparece.
  • Riego de establecimiento. En un clima con lluvia repartida se puede plantar y regar una sola vez. En España no: hay que plantar en otoño y dar riegos de apoyo espaciados durante el primer verano, y a veces el segundo, hasta que la raíz alcance el suelo bajo la arena. Cortar el agua el primer año es la causa más común de fracaso.
  • Cuidado con el árido muy claro. Una grava blanca refleja mucha luz y calienta el aire a ras de suelo. En el interior peninsular es preferible un tono medio, y contar con la sombra ligera de arbustos o gramíneas.
  • Lluvias fuertes y pendiente. La capa drena de sobra, pero una tromba de otoño puede arrastrar el árido si el terreno tiene inclinación. Se contiene con piedras o bordillos rehundidos.

Cómo se monta una cama de arena

  • Elegir una zona soleada y ver cómo se comporta el agua en ella tras una lluvia larga.
  • Eliminar la vegetación existente, sobre todo las vivaces de raíz persistente, que atravesarían la capa.
  • Descompactar el suelo lo más profundo posible. La capa de arena no sirve de nada si debajo hay una suela impermeable.
  • Modelar el relieve con la tierra del sitio antes de cubrir.
  • Extender de 25 a 30 cm de árido lavado, sin nada orgánico ni fertilizante.
  • Plantar y sembrar. Regar una vez, en abundancia, para que la arena se asiente entre las raíces.

Conviene calcular el volumen antes de encargar el material, porque asusta: cubrir 20 metros cuadrados con 30 cm de espesor son 6 metros cúbicos, del orden de 9 toneladas.

Plantar a raíz desnuda

Es la parte del método que más se salta y la que más importa. Una planta de maceta llega con un cepellón de sustrato rico, y si se entierra entero queda como una isla de material distinto: el agua se frena al cambiar de medio y la raíz da vueltas dentro del cepellón sin explorar la capa.

Lo que se hace es retirar todo el sustrato, lavándolo con cuidado, y plantar la raíz limpia. El cambio es brusco, así que se le quita carga: en las herbáceas se recorta la parte aérea y en las leñosas se elimina buena parte del follaje, para que no transpire más de lo que puede absorber mientras enraíza.

La época importa: en España el momento es el otoño, de octubre a diciembre según la zona, y plantar a raíz desnuda en mayo es tirar el trabajo. Son preferibles además los ejemplares pequeños, que se adaptan mucho mejor que uno de tres litros.

Qué árido usar

Sirve la arena lavada de grano grueso, de 0 a 4 mm, la gravilla fina de 2 a 8 mm o una mezcla de ambas, y también los áridos reciclados de hormigón o ladrillo molido si están limpios. No vale la arena de playa, por la sal y porque su extracción está prohibida, ni la arena fina de mortero usada sola, que apelmaza.

Conviene fijarse además en la naturaleza del árido: una gravilla caliza sube el pH y descarta las acidófilas, mientras que un árido silíceo admite prácticamente cualquier cosa.

Suelos arcillosos, compactados y urbanos

Es en los suelos malos donde más se nota, con una regla que no admite excepción: la arena nunca se mezcla con la arcilla, porque la mezcla compacta hasta quedar casi impermeable. La capa se pone encima, sin remover.

Sobre arcilla, lo eficaz es modelar montículos con la propia arcilla antes de cubrirla: el agua escurre por las laderas en vez de estancarse. En los suelos compactados de obra, frecuentes en vivienda nueva, hay que romper la compactación en profundidad antes de cubrir, o la raíz se quedará atrapada en los 30 cm de arena.

El geotextil merece una advertencia. En vivero se coloca bajo la cama para poder extraer las plantas limpias. En el jardín no interesa, porque impide justo lo que se busca: que la raíz baje al suelo natural, que es de donde saldrá el agua de agosto.

Montículos: más jardín en los mismos metros

Un jardín plano ofrece una sola condición de cultivo. En cuanto se levanta un montículo de 30 cm aparecen una cara norte y una cara sur, una cresta que se seca antes y un pie que retiene más humedad, de modo que caben en pocos metros cuadrados plantas de exigencias distintas.

La otra ventaja es que las plantas acaban corrigiendo al jardinero: se resiembran solas y colonizan el sitio que les conviene, que muchas veces no es donde se plantaron. Dejarlas hacer da mejor resultado que insistir en el plano original.

Qué plantar y qué evitar

Encajan de forma natural las aromáticas y los arbustos mediterráneos: lavandas, romero (Salvia rosmarinus), tomillos, Santolina, Helichrysum, Teucrium, Phlomis y jaras. Entre las vivaces y bulbosas funcionan Achillea, claveles silvestres, Eryngium, sedums y siemprevivas, Allium, tulipanes botánicos y narcisos de especie. Las gramíneas de porte contenido, como Festuca glauca, Sesleria o Melica ciliata, dan el aire de estepa propio de estas plantaciones.

Mientras la cama se cierra, que tarda dos o tres años, el hueco se cubre con anuales que se resiembran solas. Las amapolas de la fotografía cumplen esa función: ocupan, florecen y se retiran a medida que las plantas lentas ganan sitio.

Dos precauciones. Si se usan euphorbias, conviene saber que su látex blanco es irritante para la piel y los ojos, y que se poda con guantes. Y hay dos plantas habituales en jardines secos que no pueden emplearse: el plumero de la pampa (Cortaderia selloana) y la uña de gato (Carpobrotus edulis) figuran en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013, que prohíbe su posesión, transporte y comercio.

Fuera de sitio quedan las plantas que dependen de un suelo fértil y de riego constante: hortensias, dalias, césped de estación fría y el huerto.

El mantenimiento que pide

Poco, pero distinto del habitual. No se abona, porque el abono anula la ventaja del método. No se acolcha con corteza ni se aporta compost por encima, ya que eso devuelve la fertilidad a la superficie y con ella las hierbas. Y no se riega por costumbre una vez pasado el establecimiento, solo en una sequía muy larga o si se ve sufrir a una planta joven.

Lo que sí hay que hacer es desherbar a mano y pronto, antes de que nada semille, y tener paciencia. Una cama de arena es lenta al principio, porque las plantas construyen raíz en lugar de follaje, y luego se sostiene sola durante años.

En resumen

La cama de arena invierte la idea corriente de que plantar bien consiste en enriquecer el suelo. Una capa de 25 a 30 cm de árido lavado sobre el terreno existente mantiene la superficie seca, obliga a la raíz a profundizar y favorece la simbiosis con micorrizas. El resultado son plantas más resistentes al calor, muchas menos hierbas y un jardín que, pasados los primeros veranos, apenas necesita agua.

En España pide tres ajustes: capa más gruesa que en el norte de Europa, plantación a raíz desnuda en otoño y riegos de apoyo el primer verano o los dos primeros. A cambio ofrece lo que un jardín mediterráneo necesita, un medio pobre y drenado parecido al de los sitios de donde vienen sus plantas, y funciona igual en unos metros de patio que en una parcela entera.


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