Portulaca es el género que da nombre a la familia Portulacaceae y reúne alrededor de un centenar de especies de plantas semisuculentas, anuales y perennes, casi todas de porte rastrero. En España el género se conoce por dos plantas muy distintas: la verdolaga, Portulaca oleracea, que sale sola en cualquier huerto y en las juntas de las aceras, y la flor de seda, Portulaca grandiflora, que se planta en jardineras a pleno sol y florece todo el verano.
Las dos comparten lo esencial: resisten el calor y la sequía como pocas plantas de temporada, no quieren riego abundante y necesitan sol directo para funcionar. En un balcón orientado al sur en Sevilla, Murcia o Zaragoza, donde en julio se fríe casi todo, la portulaca sigue floreciendo.
Cómo son
Son plantas de tallos carnosos, a menudo rojizos, que se extienden por el suelo o se descuelgan por el borde de la maceta. Las hojas son gruesas, de forma ovalada, espatulada o casi cilíndrica según la especie, y en general pequeñas, alrededor de dos centímetros. Almacenan agua, y esa es la razón de que aguanten sin regar.
Las flores son mayores que las hojas, de hasta unos tres centímetros en las especies silvestres y bastante más en las variedades hortícolas. Tienen cinco pétalos, a veces muchos más en las formas dobles, y un centro cargado de estambres. Los colores cubren casi toda la gama cálida: blanco, amarillo, naranja, rosa, rojo, fucsia, y hay mezclas bicolores.
La particularidad más conocida es que las flores se abren con el sol y se cierran al atardecer. Cada corola dura poco, muchas veces un solo día, pero la planta produce flores nuevas de forma continua durante meses, así que el efecto es de floración permanente desde junio hasta bien entrado el otoño. En días muy nublados apenas se abren, aunque algunas variedades modernas se han seleccionado precisamente para abrir con menos luz.
El fruto es una cápsula pequeña que se abre por una tapa y libera muchas semillas diminutas, negras y brillantes. Esa abundancia de semilla explica tanto la resiembra espontánea de la flor de seda en el jardín como la persistencia de la verdolaga en el huerto.
Dónde viven
El género es de distribución prácticamente mundial en zonas cálidas: ocupa áreas secas y arenosas de regiones tropicales y templadas cálidas de todos los continentes. Portulaca grandiflora es originaria de Sudamérica, del sur de Brasil, Uruguay y Argentina. Portulaca oleracea está tan extendida desde antiguo que su origen exacto se discute, y hoy crece de forma espontánea en toda España.
La flor de seda en el jardín
Portulaca grandiflora se cultiva como anual de verano. Forma matas bajas, de unos quince o veinte centímetros de altura, que se extienden en horizontal. Es una planta pensada para los sitios difíciles: jardineras de balcón expuestas al sur, rocallas, taludes secos, alcorques, macetas colgantes y el borde caliente de un camino de grava.
Necesita pleno sol, sin discusión. A media sombra la mata se estira, produce hoja y casi nada de flor, y las corolas apenas se abren. El suelo debe ser suelto y drenante, incluso pobre y arenoso; en tierra rica y húmeda crece mucho, florece poco y se pudre por el cuello. El riego es moderado: dejar secar el sustrato entre riegos y no poner platos debajo de las macetas.
Con las temperaturas se lleva bien mientras haga calor. Vegeta con normalidad en veranos de más de 35 grados y sufre en cuanto llegan los primeros fríos del otoño, que la matan. No es una planta de invierno bajo ningún concepto, y por eso en España se maneja siempre como anual, aunque se resiembre sola al año siguiente.
Siembra y calendario
La semilla es minúscula y necesita luz para germinar, así que se siembra en superficie o apenas cubierta, y también calor: por debajo de unos quince grados no nace. Con eso, el calendario para la Península es sencillo. En semillero protegido, de febrero a abril, para trasplantar cuando ya no hay riesgo de heladas. En siembra directa en el sitio definitivo, a partir de abril o mayo en el litoral y en el sur, algo más tarde en el interior y en el norte.
Desde la siembra hasta la primera flor pasan pocas semanas, y a partir de ahí florece sin parar. En el litoral mediterráneo, donde los otoños son suaves, la floración se prolonga hasta octubre o noviembre. Al final de la temporada, dejando secar algunas cápsulas en la planta, se recoge semilla para el año siguiente o simplemente se deja que caiga y aparezcan plántulas espontáneas en primavera.
También se multiplica por esqueje con mucha facilidad: cualquier trozo de tallo carnoso, dejado secar un día y plantado en sustrato apenas húmedo, enraíza en poco tiempo. Es la forma de conservar un color concreto que en semilla se perdería.
La verdolaga: mala hierba y hortaliza
Portulaca oleracea es una de las adventicias más comunes del huerto español de verano. Aparece en cuanto el suelo se calienta, se extiende en roseta plana pegada al suelo y compite con el cultivo por el agua y los nutrientes.
Controlarla tiene su técnica, porque hace dos cosas que complican el trabajo. La primera es que un tallo arrancado y dejado sobre la tierra vuelve a enraizar en cuanto se moja el suelo, así que no basta con escardarla: hay que retirar los restos de la parcela. La segunda es que las cápsulas ya formadas terminan de madurar aunque la planta esté arrancada, de modo que si se deja secar sobre el bancal con fruto, siembra igualmente. La escarda temprana, antes de la floración, y el acolchado del suelo son las medidas que de verdad funcionan.
Al mismo tiempo, la verdolaga es una hortaliza tradicional en España y en toda la cuenca mediterránea, consumida cruda en ensalada o cocinada en potajes y guisos, y en algunas zonas incluso se cultiva a propósito. Conviene saber que contiene oxalatos en cantidad apreciable, algo que comparte con otras verduras de hoja como las espinacas o las acelgas. Cualquier consideración dietética concreta corresponde a un profesional sanitario, no a una guía de jardinería.
Problemas y plagas
Los problemas de la portulaca ornamental casi siempre vienen del exceso de agua: podredumbre del cuello y de la raíz en sustratos que no drenan, o en macetas sin agujero. Con riego correcto y sol directo es una planta que prácticamente no da trabajo.
Las babosas y los caracoles se comen los tallos tiernos en primaveras húmedas, sobre todo en plantas recién trasplantadas. La medida sensata es la recogida manual y las barreras físicas; la sal, que se recomienda en muchos sitios, no es una solución: daña el suelo y no debe usarse. Los pulgones pueden aparecer en las puntas tiernas y suelen desaparecer solos cuando aprieta el calor.
En resumen
Portulaca agrupa un centenar de plantas semisuculentas rastreras de zonas cálidas, con hojas carnosas pequeñas, flores de colores vivos que abren con el sol y una capacidad notable de resistir calor y sequía. Su representante ornamental, la flor de seda, es de lo mejor que se puede plantar en una jardinera al sur en un verano español.
Pide pleno sol, suelo suelto y pobre y riego escaso, se siembra con calor y en superficie porque la semilla necesita luz, y florece de junio al otoño. Su pariente Portulaca oleracea, la verdolaga, es a la vez una mala hierba tenaz del huerto de verano y una hortaliza tradicional, y para controlarla hay que retirar los restos arrancados, porque vuelven a enraizar y terminan de sembrar.