Lithops es el género de las piedras vivas: suculentas enanas del sur de África que imitan los guijarros entre los que crecen hasta resultar prácticamente invisibles. Cada planta está formada por un par de hojas gruesas soldadas, con una hendidura en medio, de la que salen la flor y el par de hojas del año siguiente. Pertenecen a la subfamilia Ruschioideae de la familia Aizoaceae.

Son plantas fáciles de matar y fáciles de mantener, según se entienda su ciclo. La clave no está en el sustrato ni en la luz, aunque ambos importan, sino en el calendario de riego: hay meses del año en los que regar una Lithops la revienta literalmente. Quien aprende el ciclo tiene plantas que duran décadas.

Cómo está construida una Lithops

El cuerpo visible son dos hojas opuestas, muy carnosas, fusionadas casi por completo, con la cara superior plana o ligeramente convexa y una fisura central. Debajo hay un tallo cortísimo y una raíz principal larga que baja bastante. En su hábitat, la mayor parte de la planta queda enterrada y sólo asoma la superficie superior.

Esa superficie, que se llama ventana, es la parte más interesante. Está adornada con dibujos, manchas, puntos, líneas y zonas translúcidas casi sin clorofila, a través de las cuales entra la luz hacia el tejido fotosintético del interior de la hoja, que queda bajo tierra. Es decir, la planta fotosintetiza por dentro, con luz filtrada desde arriba, mientras el resto del cuerpo permanece protegido del sol y de los herbívoros. Los dibujos varían muchísimo entre especies y poblaciones y son lo que permite identificarlas.

El camuflaje es notable. Los colores van del gris al pardo, el ocre, el verde grisáceo y el rojizo, y suelen coincidir con el color del sustrato de la zona donde vive cada población. En el campo hay que buscarlas de rodillas y aun así se escapan.

Dónde viven

Todas las especies son del sur de África: Sudáfrica, Namibia y parte de Botsuana. Ocupan zonas áridas y semiáridas con precipitaciones escasas, muchas veces en llanuras de grava, entre cuarcita, esquisto o caliza. La disponibilidad de agua es mínima, y buena parte de la humedad que reciben en algunos hábitats llega en forma de niebla y rocío.

Ese origen explica el error más frecuente. Un aficionado ve una planta arrugada y piensa que tiene sed. En muchos casos lo que tiene es un ciclo en marcha y regarla es lo peor que se puede hacer.

El ciclo anual, que es todo

Adaptado al hemisferio norte, el ciclo funciona así. A finales de verano y en otoño la planta florece: de la fisura sale una flor parecida a una margarita, amarilla, blanca o anaranjada pálida, con muchos pétalos estrechos, que abre por la tarde en días soleados y se cierra al anochecer. Muchas especies tienen un aroma dulce.

Tras la floración, dentro del par de hojas viejas empieza a formarse el par nuevo. Desde ese momento, y durante todo el invierno y hasta bien entrada la primavera, no se riega. El par nuevo crece a costa del agua y las reservas del par viejo, que se va arrugando, adelgazando y quedando reducido a dos vainas de papel. Si en ese periodo se riega, el par viejo no se consume, la planta acumula demasiada agua, las hojas nuevas empujan y el cuerpo se raja. Ese es el aspecto reventado que se ve en tantas fotos de Lithops mal llevadas.

Cuando las hojas viejas están totalmente secas y se pueden retirar con los dedos, normalmente entre finales de primavera y comienzos del verano, se puede volver a regar. En pleno verano, con calor extremo, las plantas entran en un reposo parcial y conviene espaciar mucho los riegos, mojando poco y sólo si el tiempo refresca algo. Con el final del verano se retoma el riego más regular y se prepara la floración.

Sustrato, maceta y luz

Sustrato prácticamente mineral. Una mezcla con mayoría de pómice, arena de sílice gruesa, akadama o grava fina y una proporción pequeña de materia orgánica es lo adecuado. Cualquier mezcla que retenga agua durante más de unos pocos días es un problema. Una capa superficial de grava, además de imitar su hábitat, mantiene seco el cuello de la planta.

La maceta tiene que ser profunda, más alta que ancha, porque hacen una raíz principal larga. Las macetas planas de decoración, con varias plantas apretadas y sin drenaje, son la receta habitual del desastre.

Luz muy abundante. Necesitan bastantes horas de luz directa para mantener el cuerpo compacto y los dibujos marcados. Con poca luz se estiran hacia arriba, pierden la forma achatada y se vuelven verdes pálidas. Eso sí, en el interior peninsular el sol de las horas centrales de julio y agosto puede quemarlas, así que un poco de sombreo en esos meses evita marcas. La aclimatación tras el invierno debe ser gradual.

Semillas y multiplicación

Las Lithops son mayoritariamente autoestériles: necesitan polen de otra planta para producir semilla. Si se quiere semilla en casa hay que tener al menos dos ejemplares de la misma especie floreciendo a la vez y pasar el polen con un pincel.

El fruto es una cápsula higrocástica, un mecanismo elegante: sólo se abre cuando se moja. Al caer una gota de lluvia, la cápsula se despliega y las gotas siguientes salpican las semillas diminutas a distancias que van de unos pocos centímetros a algo más de un metro de la planta madre. Cuando el fruto se seca, se cierra otra vez y conserva las semillas restantes hasta la próxima lluvia, repartiendo la germinación entre varias temporadas.

La siembra en cultivo se hace en primavera, en superficie sobre sustrato mineral tamizado, con humedad constante los primeros días y buena luz. Las plántulas son minúsculas y tardan varios años en alcanzar el tamaño adulto, pero es el método normal de propagación, porque las plantas rara vez se dividen: sólo con el tiempo algunos ejemplares forman grupos de dos, tres o más cabezas.

Comercio y conservación

Varias aizoáceas suculentas, Lithops entre ellas, figuran en el Apéndice II de CITES, el convenio que regula el comercio internacional de especies amenazadas. Esto no impide comprar plantas: significa que el comercio internacional necesita documentación y que las plantas deben proceder de propagación, no del campo.

La cuestión es más seria de lo que parece. En los últimos años, el expolio de suculentas enanas en Sudáfrica y Namibia para el mercado internacional de coleccionistas ha alcanzado cifras enormes, con incautaciones de decenas de miles de plantas. Las poblaciones son pequeñas y localizadas, y una recolección intensiva puede acabar con una especie entera en pocas temporadas. Comprar semilla o planta de vivero, con procedencia clara, no es una formalidad: es la diferencia entre un hobby y un problema de conservación.

Errores frecuentes

Regar en invierno mientras la planta cambia de hojas es el primero y el más grave. Enterrar la planta demasiado poco o demasiado, cuando lo correcto es dejar la ventana a ras de la grava. Usar macetas planas sin drenaje. Meterlas en composiciones con otras suculentas que quieren riego en invierno, lo que hace imposible respetar su calendario. Y confundir el arrugado normal del ciclo con sed.

Un síntoma que sí es real: si la planta se estira y forma un cuello alargado, le falta luz. Si la ventana se vuelve blanquecina o parda con manchas secas, le sobra sol directo. Si el cuerpo se raja, es exceso de agua en el momento equivocado.

En resumen

Lithops son suculentas del sur de África formadas por un par de hojas soldadas con una ventana translúcida que les permite fotosintetizar medio enterradas, camufladas entre la grava. Se cultivan en sustrato mineral, en maceta profunda por su raíz pivotante, con mucha luz y sombreo en lo peor del verano.

Todo el cultivo gira alrededor del calendario: floración a finales de verano y otoño, sequía absoluta durante el cambio de hojas en invierno y primavera, y riego sólo cuando el par de hojas viejo está seco del todo. Regar fuera de tiempo es la causa de casi todas las muertes. Y, dado el expolio que sufren estas plantas en su hábitat, la única compra defendible es la de material propagado.


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