Hay un género de plantas al que pertenecen la flor de Pascua que compras en diciembre, la mala hierba que arrancas del alcorque, el cardón canario, un arbusto africano que parece un manojo de lápices verdes y una bolita rayada que parece una pelota de béisbol. Todas son Euphorbia. Con unas 2.000 especies repartidas por todos los continentes salvo la Antártida, es uno de los géneros más numerosos y más diversos de plantas con flor que existen, y merece la pena saber qué tienen en común, porque no es lo que parece.
Qué une a plantas tan distintas
Dos cosas: el ciatio y el látex.
El ciatio es la estructura reproductiva característica del género, y es una rareza botánica. Lo que parece una flor no lo es: es una inflorescencia entera comprimida hasta parecerlo. Consiste en una copita formada por brácteas soldadas que contiene una única flor femenina reducida a un pistilo con tallo, rodeada de varias flores masculinas reducidas cada una a un solo estambre. En el borde de la copa hay glándulas nectaríferas, a veces con apéndices vistosos que hacen las veces de pétalos. La Euphorbia no tiene pétalos ni sépalos: lo que atrae al insecto son brácteas y glándulas.
Cuando en Navidad admiras las hojas rojas de una poinsetia, estás mirando brácteas. Las flores de verdad son los botoncitos verdes y amarillos del centro, minúsculos.
El látex es una savia lechosa, blanca y pegajosa que brota de cualquier herida. Está en todas las especies del género y es la razón del nombre popular "lechetrezna". También es la razón de que haya que tener respeto a estas plantas, como veremos más adelante.
El error de llamarlas cactus
Muchas Euphorbia africanas y árabes tienen tallos carnosos, costillas verticales, espinas y ninguna hoja. Se venden y se cuidan como cactus, y no lo son ni de lejos: los cactus pertenecen a la familia Cactaceae, propia del continente americano, y las euforbias a las Euphorbiaceae, del Viejo Mundo. Es el ejemplo clásico de convergencia evolutiva: dos linajes sin parentesco resolvieron el mismo problema (vivir en un desierto) con la misma forma.
Distinguirlos en el vivero es sencillo si sabes dónde mirar:
Las espinas. En un cactus nacen de una areola, una almohadilla afieltrada bien visible de la que también salen las flores y los pelos. En una euforbia no hay areola: las espinas salen directamente del tejido, normalmente en pares sobre los bordes de las costillas, y son restos de estípulas o de pedúnculos florales endurecidos.
La savia. Pincha discretamente con una aguja. Si sale un líquido blanco lechoso, es una euforbia. Los cactus tienen savia acuosa o mucilaginosa transparente. La única excepción reseñable son algunas Mammillaria, que también dan látex blanco, pero esas tienen areolas evidentes.
La flor. Los cactus tienen flores grandes, verdaderas, con muchos tépalos. Las euforbias tienen ciatios diminutos, a menudo amarillentos y agrupados.
Las euforbias suculentas
Es el grupo que más gente colecciona. Vienen sobre todo del este y sur de África, de Arabia y de Madagascar.
Euphorbia trigona, la euforbia africana o "árbol de la leche". Tallos triangulares verdes con marmoleado claro, espinas pequeñas y hojitas caducas en los bordes. Crece rápido y llega a los dos metros en maceta. Es de las más vendidas y de las más fáciles.
Euphorbia tirucalli, el árbol de los lápices o palito. Ramas cilíndricas verdes del grosor de un lapicero, sin hojas ni espinas. La variedad 'Sticks on Fire' se tiñe de naranja y coral a pleno sol. Espectacular en jardín seco de costa, pero es la especie con el látex más peligroso del género, y eso condiciona dónde plantarla.
Euphorbia grandicornis, la euforbia cuerno de vaca. Tallos con costillas onduladas muy marcadas y espinas enormes, retorcidas, de hasta 7 cm. De las más impresionantes.
Euphorbia obesa. Una esfera verde grisácea con bandas horizontales y verticales, sin espinas ni hojas, que parece un objeto tallado. Es endémica de una zona muy reducida de Sudáfrica, está protegida por CITES y todos los ejemplares legales proceden de cultivo. Es dioica: para obtener semillas hacen falta una planta macho y una hembra.
Euphorbia caput-medusae, cabeza de medusa. Un tallo central corto del que irradian decenas de ramas serpenteantes cubiertas de tubérculos. Crece bien en cesta colgante.
Euphorbia milii, la corona de Cristo o espina de Cristo. Arbusto espinoso de Madagascar con hojas verdes y brácteas rojas, rosas, blancas o amarillas prácticamente todo el año. Es probablemente la mejor euforbia para quien quiere flor y no quiere complicaciones: aguanta el olvido, tolera bien el interior luminoso y florece sin descanso.
Las euforbias de jardín
Este grupo está infrautilizado en España y no debería. Son vivaces mediterráneas, resistentes a la sequía y de estructura muy escultural, ideales para jardines de bajo consumo de agua.
Euphorbia characias y su subespecie wulfenii. Mata de 1 a 1,5 m con tallos gruesos cubiertos de hojas estrechas gris azuladas y, de febrero a mayo, cabezuelas voluminosas de color amarillo verdoso. Es autóctona de la Península, aguanta -10 °C y prospera en suelo pobre y calizo sin ningún riego una vez establecida. Punto clave de mantenimiento: los tallos son bienales, florecen el segundo año y luego mueren, así que hay que cortarlos a ras de suelo tras la floración para que la mata no se degrade.
Euphorbia myrsinites. Tallos postrados en espiral con hojas carnosas azul plata, muy buena en muros, rocallas y bordes de camino. Rústica hasta -15 °C.
Euphorbia rigida. Similar pero erecta, con hojas puntiagudas azuladas y floración amarilla temprana. Excelente en jardín seco.
Euphorbia polychroma. Mata redonda de 40 cm que en primavera se vuelve un domo amarillo brillante y en otoño vira a naranja y rojo. Prefiere algo más de frescor.
Euphorbia palustris. La excepción del género: es una euforbia de suelo húmedo, de borde de charca y de zona encharcada, con un metro de porte y floración amarilla.
Euphorbia marginata, nieve en verano. Anual de siembra primaveral con hojas superiores bordeadas de blanco. Muy usada para aligerar arriates y en flor cortada.
Euphorbia dendroides, la lechetrezna arbórea. Arbusto mediterráneo de la costa que forma un domo perfecto, verde en invierno y que en verano pierde toda la hoja y se pone naranja para pasar la sequía. Es una inversión de calendario que descoloca a quien no la conoce.
Mención aparte para las tabaibas y cardones canarios: Euphorbia balsamifera (símbolo vegetal de Lanzarote), Euphorbia regis-jubae, Euphorbia atropurpurea y Euphorbia canariensis, el cardón, que forma esos candelabros gigantes del paisaje del archipiélago.
Y las que salen solas en el jardín
Varias euforbias silvestres ibéricas son malas hierbas frecuentes. Euphorbia peplus, pequeña y de hojas redondeadas, aparece en macetas y alcorques. Euphorbia helioscopia, la lechetrezna común, coloniza huertos y barbechos. Euphorbia serrata, de hojas dentadas y azuladas, es habitual en cunetas. Euphorbia lathyris, el tártago, tiene fama popular de ahuyentar topos; no hay ninguna evidencia de que funcione, y en cambio sus semillas son muy tóxicas.
Al arrancarlas, guantes. Es exactamente el mismo látex que el de las especies ornamentales.
Cuidados generales
Ubicación. Pleno sol para la inmensa mayoría. Las suculentas de interior quieren la ventana más luminosa de la casa; con poca luz se estiran, pierden el color y adelgazan. Las excepciones son pocas: la poinsetia prefiere luz brillante indirecta y Euphorbia palustris tolera algo de sombra.
Suelo y sustrato. Drenaje ante todo. Para las suculentas, mezcla con 50-60 % de material mineral (pómez, picón, arena de sílice gruesa). Para las mediterráneas de jardín, suelo pobre, pedregoso y calizo les va perfecto; en tierra rica y húmeda se pudren o se ahílan.
Riego. Las suculentas, riego abundante pero solo cuando el sustrato esté seco del todo: en verano, cada 8-12 días; en invierno, una vez al mes o nada si están por debajo de 12 °C. Las de jardín, riego de apoyo el primer año para que enraícen y prácticamente ninguno después. La flor de Pascua es la única exigente: quiere sustrato ligeramente húmedo de forma constante y muere tanto por sequía como por encharcamiento.
Abonado. Muy moderado. Fertilizante de cactáceas bajo en nitrógeno, diluido a la mitad, una vez al mes en primavera y verano. Las de jardín no lo necesitan.
Rusticidad. Es lo que más varía dentro del género. Las mediterráneas (characias, myrsinites, rigida, polychroma) aguantan de -10 a -15 °C. Las suculentas africanas no bajan de 5-10 °C sin daños: tirucalli, trigona, grandicornis y milii deben entrar bajo cubierta en todo el interior peninsular a partir de noviembre. En la costa mediterránea cálida y en Canarias viven fuera todo el año.
Trasplante. En primavera, cada dos o tres años para las de maceta, subiendo un diámetro. Con guantes.
Multiplicación
Por esqueje es el método habitual para las suculentas y arbustivas, de mayo a julio. Hay un paso específico del género que no se puede saltar: en cuanto haces el corte, el látex mana en abundancia y, si se seca sobre la herida, forma un tapón que impide el enraizamiento. Hay que detener el sangrado sumergiendo el corte en agua fría un par de minutos o pulverizándolo, secarlo después y dejar cicatrizar el esqueje al aire, a la sombra, entre una y dos semanas, hasta que se forme un callo seco y duro. Solo entonces se planta en sustrato mineral, sin regar los primeros siete días.
Por división de mata, para las vivaces de jardín, en otoño o a principios de primavera.
Por semilla. Muchas euforbias tienen cápsulas explosivas que lanzan las semillas a varios metros, así que hay que embolsar las cápsulas antes de que maduren si quieres recogerlas. Se siembran en primavera a 20-25 °C. Es la única vía para Euphorbia obesa y otras especies globosas que no ramifican.
Toxicidad: la parte seria
Esto no es un aviso de trámite. El látex de las euforbias contiene ésteres de forbol y diterpenos, compuestos cáusticos e irritantes con efecto retardado. Los síntomas no aparecen de inmediato, sino a las horas, lo cual hace que mucha gente no relacione la causa con el efecto.
En la piel produce enrojecimiento, quemazón y ampollas. En los ojos es donde está el peligro real: una gota de látex de Euphorbia tirucalli puede provocar queratoconjuntivitis grave, con dolor intenso, edema corneal y pérdida temporal de visión que puede tardar semanas en resolverse. Hay casos documentados de daño permanente. Por ingestión causa irritación intensa de boca, garganta y aparato digestivo.
Reglas de manejo, sin excepciones:
Usa guantes impermeables siempre que podes, esquejes o trasplantes una euforbia. Ponte gafas de protección al podar especies grandes, porque los tallos bajo presión salpican. No te toques la cara hasta haberte lavado. Si cae látex en la piel, lava con agua y jabón abundante de inmediato; si cae en el ojo, irriga con agua o suero fisiológico durante quince minutos y acude a urgencias oftalmológicas sin esperar a ver cómo evoluciona. No quemes restos de poda: el humo también irrita.
Y con criterio de diseño: no plantes Euphorbia tirucalli ni especies de látex abundante junto a caminos, zonas de juego infantil o donde haya que rozarlas al pasar. Es una planta magnífica, pero en el sitio correcto.
Frente a esto, un dato que ilustra la potencia química de este género: Euphorbia resinifera, un cardón endémico de Marruecos, produce resiniferatoxina, el compuesto más picante que se conoce, con una potencia irritante miles de veces superior a la de la capsaicina del chile más fuerte. Se investiga precisamente por eso, como analgésico de acción muy selectiva.
Usos
Ornamentales. Es el uso principal y el más interesante para el lector español: las euforbias mediterráneas son de lo mejor que se puede plantar en un jardín de bajo riego, con floración de invierno-primavera cuando casi nada más florece, y estructura todo el año. La flor de Pascua (Euphorbia pulcherrima) mueve cada diciembre un volumen comercial enorme; para que vuelva a colorear al año siguiente necesita noches ininterrumpidas de 14 horas de oscuridad total durante seis u ocho semanas a partir de octubre, algo que en una casa con luz artificial es más difícil de lo que parece.
Medicinales. La tradición popular usó el látex de varias especies para quemar verrugas y callos, con resultados tan eficaces como peligrosos: es un cáustico, y quema el tejido sano con la misma facilidad. Ese uso dio pie a investigación farmacéutica seria a partir de Euphorbia peplus, aunque el medicamento derivado que llegó al mercado acabó retirado en Europa por problemas de seguridad. La conclusión práctica es clara: no se automedica uno con euforbias.
Otros. El látex de algunas especies se ha ensayado como fuente de hidrocarburos y de caucho, y varias especies africanas se plantan como setos defensivos impenetrables.
En resumen
Euphorbia es un género de unas 2.000 especies unidas por dos rasgos: el ciatio, una inflorescencia que imita una flor, y el látex blanco irritante. Las suculentas africanas no son cactus (no tienen areolas y sangran látex) y piden sol, sustrato mineral, riego escaso y un mínimo de 5-10 °C. Las mediterráneas como E. characias, E. myrsinites o E. rigida son vivaces rústicas hasta -10 °C, ideales para jardín seco español, y necesitan que se corten los tallos florecidos a ras de suelo cada año. Se multiplican por esqueje cortando el sangrado con agua fría y dejando cicatrizar una o dos semanas. Lo innegociable es el manejo del látex: guantes siempre, gafas al podar y lavado inmediato, porque en los ojos puede causar lesiones graves.