Vaya a cualquier rotonda de Alicante, Málaga o Palma y verá manchas continuas de un morado violento al pie de las palmeras. Eso es Tradescantia pallida, la vieja Setcreasea purpurea, y su presencia masiva en la jardinería pública del litoral no es casual: cubre suelo deprisa, aguanta la sequía, no pide siega y cuesta poco. Este artículo la mira como lo que es en clima cálido, una tapizante de obra, no una planta de maceta.

Mata de Tradescantia pallida de color morado intenso

Qué planta es y cómo se llamaba antes

Procede del noreste de México —Tamaulipas, Nuevo León, Veracruz—, donde vive en laderas secas y claros pedregosos. Rose la describió en 1911 como Setcreasea pallida, y durante décadas circuló con el nombre de Setcreasea purpurea; en 1975 D. R. Hunt la trasladó al género Tradescantia. El clon ornamental que se planta en toda la cuenca mediterránea es Tradescantia pallida 'Purpurea', conocido comercialmente como Purple Heart. En vivero español aparece también como purpurina o amor de hombre morado.

Morfológicamente es una herbácea perenne de tallos suculentos, quebradizos, de 30 a 50 cm, primero ascendentes y después decumbentes, con hojas lanceoladas envainadoras de 8 a 15 cm. Todo el conjunto —tallo, haz y envés— es de un violeta oscuro uniforme, sin bandas ni jaspeados. Las flores, de tres pétalos rosa pálido con estambres amarillos, aparecen de junio a octubre en el extremo de los tallos y duran una mañana; el interés de la planta está en el follaje, no en ellas.

El morado depende del sol, y es negociable

La pigmentación responde directamente a la exposición. A pleno sol el violeta se satura y las hojas se acortan y engrosan; a media sombra el tono se apaga hacia un verde grisáceo con reflejos malva; en sombra franca la planta acaba verde con apenas un ribete lila, con tallos largos y escasa densidad. Quien planta esta especie para tener una mancha de color y la coloca bajo una copa densa obtiene lo contrario de lo que buscaba.

Lo mismo ocurre con el agua: en secano el color es más profundo que con riego abundante, aunque la mata resulte menos exuberante. En jardinería de bajo consumo eso juega a favor, porque las condiciones que ahorran agua son justamente las que dan mejor color.

Por qué funciona como cubresuelos

Su ventaja frente a otras tapizantes es la combinación de tres cosas.

Cierra rápido. Los tallos se tumban y emiten raíces en cada nudo que toca tierra, de modo que una plantación a 6-9 unidades por metro cuadrado en marzo cubre el suelo por completo antes de agosto. Una vez cerrada, la capa de 25-30 cm de espesor sombrea el terreno y frena la germinación de anuales adventicias, con lo que el desherbado baja mucho a partir del segundo año.

Tolera suelo pobre. Vive en tierras compactadas, calizas, con escombro de obra y pH alto, que es lo que suele haber en alcorques y medianas. No pide enmiendas ni abonado; un aporte ligero de compost al plantar es suficiente para siempre.

Aguanta la sequía. Los tallos suculentos almacenan agua y la planta reduce el crecimiento en los meses secos sin morirse. Con riego por goteo, una programación de un riego semanal generoso en verano y ninguno de noviembre a marzo la mantiene perfecta en la costa mediterránea. En secano puro sobrevive en zonas con más de 400 mm anuales, aunque con menos volumen y aspecto más ralo en agosto.

Se emplea en taludes, en medianas, bajo arbolado de sombra ligera —palmeras, olivos, jacarandas—, como remate de macizos y como orla frente a agapantos, gauras o gramíneas. El contraste del violeta con la grava clara o con el verde grisáceo de la vegetación mediterránea es su recurso más eficaz. También funciona en jardinera y en muro verde de exterior.

Contraste de colores de la purpurina en el jardín

La helada la corta, no la mata

Este es el punto que decide dónde se puede usar. La parte aérea se daña en cuanto la temperatura baja de -2 °C: los tallos se vuelven translúcidos, se ablandan y en pocos días quedan reducidos a una masa parda pegada al suelo. Da mala impresión, pero las yemas de la base y las raíces suelen salir intactas de heladas cortas de hasta unos -5 o -6 °C, sobre todo si el suelo está seco, y en abril la mancha se reconstruye entera.

Con heladas repetidas o prolongadas, o con suelo encharcado y frío a la vez, sí se pierde. En la práctica, la especie es fiable a la intemperie en la franja litoral mediterránea, en Canarias, en el valle del Guadalquivir y en el litoral atlántico sur; en el interior peninsular hay que tratarla como planta de temporada o cultivarla en maceta con resguardo invernal.

Lo importante para el jardinero: no retire los restos helados hasta que haya pasado el riesgo de frío. Esa capa de tallos secos protege las yemas del suelo. Se limpia en marzo, no en enero.

Renovación con desbrozadora

Con los años la mancha se ahueca: los tallos se alargan, pierden las hojas de la mitad inferior y el conjunto pasa de alfombra a maraña con calvas. La solución en superficies grandes es una poda de renovación a ras, con desbrozadora de hilo, a finales de invierno o principios de primavera —de mediados de febrero a mediados de marzo en la costa—, dejando dos o tres centímetros de tocón. La planta rebrota desde la base en tres o cuatro semanas y recupera densidad y color en dos meses.

Conviene hacerlo cada uno o dos años, según cómo vaya la mata, y siempre antes de que arranque el crecimiento fuerte. Después del corte, un riego y un abonado ligero aceleran la respuesta. En superficies pequeñas, tijera de setos o cortasetos hacen el mismo trabajo con menos destrozo.

Un detalle práctico que se pasa por alto: los restos de esa poda son material vivo. Cada trozo de tallo con un nudo enraíza donde caiga. No deben quedar dispersos por el jardín ni acabar en un talud, y si se quiere ampliar la superficie plantada, basta con clavar esos mismos fragmentos en tierra removida y regada, que arraigan en una o dos semanas sin más cuidados. No hay método más barato de multiplicación.

Se expande: hay que ponerle límites

Conviene decirlo claro antes de plantarla en un jardín pequeño. Tradescantia pallida tiene comportamiento expansivo. Avanza lateralmente sin freno mientras encuentre suelo desnudo y algo de humedad, se cuela entre las piedras de un bordillo, sube por los alcorques y ahoga a cualquier vivaz baja plantada a su lado: lavandas jóvenes, dianthus, sedums pequeños o bulbos de floración primaveral desaparecen bajo ella en dos temporadas.

Para contenerla: barrera rígida enterrada de 15-20 cm en el perímetro, o bordillo de obra, o simplemente un repaso de recorte del borde dos veces al año, en primavera y a principios de otoño. Plantada contra un muro o rodeada de pavimento no da ningún problema.

No figura en el catálogo español de especies exóticas invasoras, pero sí se ha naturalizado en enclaves cálidos y húmedos de otras regiones del mundo, y en Canarias aparece asilvestrada en barrancos y cunetas cerca de zonas ajardinadas. Los restos de poda van a bolsa cerrada, nunca al monte.

Riesgos y plagas

La savia es irritante y esta especie está entre las más citadas del género por producir dermatitis de contacto en manos y antebrazos tras podas largas; con guantes y manga larga no hay incidencias. Es tóxica por ingestión para perros y gatos, con vómitos y diarrea, aunque su porte rastrero en exterior hace que rara vez sea la planta que un animal elige. Estos aspectos comunes a todo el género están detallados en el artículo sobre el género Tradescantia.

De plagas, casi nada: algún pulgón en los brotes tiernos de primavera y caracoles y babosas en primaveras lluviosas, que abren agujeros en las hojas. El problema serio es el hongo de suelo en terrenos que encharcan, que produce podredumbre basal y calvas circulares. La solución es de diseño: plantarla en suelo que drene o en montículo.

En resumen

Tradescantia pallida, la antigua Setcreasea purpurea, es la tapizante violeta de la jardinería mediterránea: cierra el suelo en una temporada, vive en tierra pobre y compactada y pasa el verano con riegos mínimos. Su color exige sol —a la sombra verdea y se estira— y el agua justa lo intensifica. El frío por debajo de -2 °C arrasa la parte aérea, pero rebrota de la base tras heladas cortas, así que los restos no se retiran hasta marzo. Se renueva pasando la desbrozadora a ras cada uno o dos años a finales de invierno. Y como avanza sin freno y enraíza de cualquier fragmento, hay que delimitarla y recoger los restos de poda.


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