Cultivar bien la tradescantia lanosa consiste, sobre todo, en no tratarla como a las demás del género. Cuatro decisiones deciden el resultado: la mezcla que se pone en la maceta, dónde cae el agua, cuánto sol recibe y qué se hace en enero. Con esas cuatro resueltas, la planta se mantiene compacta y plateada años; con cualquiera de ellas mal, se estira, se pela o se pudre. Vamos por partes.

Tradescantia lanosa de hojas verdes cubiertas de vello

La mezcla: mineral, no turba

El sustrato universal de saco, en cuanto se compacta, mantiene la humedad demasiadas horas alrededor del cuello y de los engrosamientos radiculares, y ahí empieza la podredumbre. Una proporción que funciona en clima peninsular es un tercio de sustrato de calidad, un tercio de arena gruesa de río o gravilla silícea de 2-4 mm y un tercio de pómice, perlita gruesa o akadama. La mezcla debe soltar el agua de riego por el agujero en pocos segundos.

La maceta, ancha y baja mejor que honda: el sistema radicular explora en superficie y una maceta profunda deja abajo un volumen encharcado que nunca se seca. Barro cocido antes que plástico, porque evapora por la pared. Y un dedo de gravilla en la superficie, que mantiene la base de los tallos seca y evita que las salpicaduras ensucien el vello.

El pH le da igual mientras drene; en su medio crece sobre roca caliza, así que el agua dura de media España no le supone ningún problema.

El agua nunca por encima

Aquí es donde se estropea la planta, y no por exceso de cantidad sino por mala puntería. El manto lanoso no debe mojarse. Cuando el agua cae sobre él, los filamentos se apelmazan formando costras que ya no se recuperan, la planta pierde su aspecto plateado y, peor, esa masa mojada tarda muchas horas en secarse pegada a la epidermis. Es un caldo de cultivo para Botrytis y para bacterias, y el resultado son manchas pardas blandas en hojas y en el ápice de los tallos.

Dos maneras correctas de regar:

Por inmersión. Se mete la maceta en un barreño con dos o tres dedos de agua y se deja cinco o diez minutos, hasta que la superficie de la gravilla se oscurezca. Se saca, se escurre bien y se devuelve a su sitio. Nunca se deja el plato con agua.

Al pie, con boquilla fina. Se aparta el follaje con la mano y se moja solo el sustrato, en el borde de la maceta, hasta que salga agua por abajo. Es más rápido y sirve perfectamente si se tiene cuidado.

La frecuencia depende de la estación y del calor. En pleno verano, con la planta en activo, puede pedir agua cada cuatro o cinco días; en primavera y otoño, cada diez o doce. El criterio no es el calendario sino el peso de la maceta y el estado del sustrato: se riega cuando la mezcla está seca hasta el fondo, no cuando la superficie parece seca. Si las hojas empiezan a perder turgencia y los tallos se ablandan un poco, va corta de agua y se recupera en unas horas. Al revés no hay marcha atrás.

Sol directo, y bastante

La causa de que un ejemplar acabe con tallos largos, entrenudos separados de tres o cuatro centímetros y hojas escasas y verdosas es siempre la misma: le falta luz. Esta planta no es de sombra. Necesita varias horas de sol directo al día para mantener los entrenudos cortos, el vello denso y el tono vinoso de las hojas.

Al aire libre, en terraza o alféizar, lo ideal es sol de mañana pleno y algo de protección en las horas centrales de julio y agosto, sobre todo en el sur peninsular, donde el sol de las tres puede quemar los ápices si el sustrato está seco. Si va a pasar de interior a exterior en primavera, hágalo de forma gradual a lo largo de una o dos semanas, porque el salto brusco produce quemaduras blanquecinas.

En interior, solo funciona pegada a una ventana orientada al sur o al oeste. A un metro del cristal ya se estira. Y ojo con el cristal de una ventana cerrada en verano: acumula calor, así que conviene ventilar.

Una planta ya estirada no se arregla dándole luz. Se arregla cortándola, cosa que se explica más abajo.

El invierno: parece muerta y no lo está

De noviembre en adelante, la mata deja de crecer, las hojas se apergaminan, los tallos se secan y lo que queda en la maceta es un montón de restos pajizos sobre tierra desnuda. Es su comportamiento normal, no una enfermedad y no un fallo de cultivo. No tire la maceta.

Lo que hay que hacer en esos meses es casi nada:

Corte a ras los tallos secos, para que no se enmohezcan. Coloque la maceta en un sitio fresco, luminoso y sobre todo seco, con temperaturas entre 8 y 15 °C. Y suspenda el riego casi por completo: un chorrito muy pequeño cada tres o cuatro semanas basta para que las reservas subterráneas no se deshidraten del todo. Regar en invierno una maceta sin hojas es la manera más segura de perderla, porque no hay parte aérea que consuma esa agua.

Aguanta sin daño mínimas de unos 5 °C si está seca, pero una helada la mata. En el interior peninsular hay que meterla bajo techo.

Entre marzo y mayo, según el clima, aparecen los brotes nuevos. En ese momento se reanuda el riego poco a poco y, si toca, se hace el trasplante a mezcla fresca. La planta reconstruye la mata en cuatro o seis semanas.

Esquejes: la operación más fácil del año

Multiplicarla es trivial y conviene hacerlo todos los años, aunque solo sea como seguro. De abril a septiembre:

Corte con tijera limpia puntas de tallo de 6 a 10 cm, justo por debajo de un nudo. Retire las hojas del tercio inferior tirando de ellas hacia abajo con cuidado de no arrancar tejido. Deje los cortes al aire unas horas, en sombra, para que cicatricen; no hace falta hormona de enraizamiento. Clave tres o cuatro esquejes en un tiesto pequeño con la misma mezcla mineral, apenas humedecida.

Colóquelos en luz clara sin sol directo y no riegue hasta pasada una semana. Las raíces salen de los nudos enterrados en cinco a diez días y el crecimiento visible arranca a las dos o tres semanas. La tasa de éxito es altísima.

También enraízan en un vaso de agua, pero es peor idea: las raíces acuáticas son frágiles, sufren en el trasplante y el vello mojado se estropea. Directamente en sustrato va mejor.

Tradescantia sillamontana en maceta con flores rosas

Renovar la mata cada año

Envejece mal. A partir del segundo o tercer año los tallos se lignifican por la base, pierden las hojas bajas y la maceta acaba con un anillo de troncos pelados y un penacho de vegetación solo en las puntas. Ningún riego ni abono lo corrige, porque es el hábito natural de la planta.

La solución es adelantarse. Cada primavera, en cuanto rebrota, pince las puntas de todos los tallos para forzar ramificación desde nudos bajos: con dos o tres pinzados escalonados entre abril y junio se consigue una mata cerrada. Y cada dos años, aproximadamente, sustituya el ejemplar entero por sus propios esquejes: se enraízan cinco o seis puntas en marzo-abril, se plantan juntas en la maceta definitiva y se descarta la planta vieja. Sale una mata joven, densa y bien vellosa.

Trasplante la maceta cada dos años en primavera, renovando toda la mezcla; el sustrato mineral se degrada y se sala con el tiempo.

Abono y problemas

Poco abono. Un fertilizante para cactáceas, bajo en nitrógeno, a la mitad de la dosis de la etiqueta, una vez al mes de mayo a septiembre, y nada el resto del año. El exceso de nitrógeno produce tallos blandos, entrenudos largos y menos vello, justo lo contrario de lo que se busca.

En cuanto a plagas, la que da guerra es la cochinilla algodonosa, que se esconde en las axilas foliares y pasa inadvertida porque su cera se confunde con el propio indumento de la planta. Conviene revisar con lupa cada pocas semanas y retirar las colonias con un bastoncillo mojado en alcohol, aplicado punto por punto. Los insecticidas en espray mojan el vello y lo estropean, así que se usan solo en casos graves y sobre el sustrato.

Manejando la planta conviene usar guantes: la savia del género irrita la piel, un asunto que se detalla junto con el resto de rasgos comunes en el artículo sobre el género Tradescantia. Y si le interesa de dónde viene y por qué se comporta así, está contado en el artículo sobre la especie en su medio natural.

En resumen

Mezcla con dos tercios de material mineral y maceta ancha que drene al instante. Riego por inmersión o al pie, jamás sobre el follaje, y solo con el sustrato seco hasta el fondo. Varias horas de sol directo, o los tallos se alargan y pierden vello. En invierno se seca entera: cortar los restos, mantenerla fresca, luminosa y prácticamente sin agua hasta que rebrote en primavera. Esquejes de punta de tallo que enraízan en menos de dos semanas, pinzados en primavera y sustitución de la mata cada dos años, porque envejece con la base pelada.


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