Comprar lechuga de agua para un estanque es hoy ilegal en España, y ese dato pesa más que cualquier consejo de cultivo. Pistia stratiotes, la acuática flotante en forma de roseta que durante años se vendió sin restricción en tiendas de acuariofilia y centros de jardinería, está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras y también en la lista de especies exóticas invasoras preocupantes para la Unión Europea. Su comercio, posesión, cría, transporte y liberación al medio están prohibidos.

Qué significa exactamente la prohibición

La especie quedó incluida en el catálogo español, desarrollado por el Real Decreto 630/2013, y posteriormente pasó a la lista de la Unión que aplica el Reglamento (UE) 1143/2014. Las dos normas van en la misma dirección y prohíben, sin necesidad de que exista daño previo:

  • venderla, comprarla, cederla o intercambiarla, también entre particulares y también gratis;
  • tenerla, cultivarla o reproducirla, en estanque, en acuario o en balsa;
  • transportarla viva;
  • soltarla o dejar que llegue a cualquier masa de agua.

Los periodos transitorios que se concedieron en su momento para agotar existencias comerciales y para que los particulares se deshicieran de sus ejemplares están vencidos. Las infracciones se sancionan por la vía de la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, con multas que parten de varios miles de euros. Si alguien la ve a la venta, procede avisar al servicio de medio ambiente de la comunidad autónoma o al SEPRONA.

Cómo es y por qué crece tanto

Es una arácea flotante, emparentada con el aro y con el potos, que forma rosetas de entre diez y treinta centímetros. Las hojas son cuneiformes, de verde claro, gruesas y esponjosas, con nervios paralelos muy marcados y cubiertas de un fieltro de pelos cortos que repele el agua y atrapa aire; ese aire es lo que la mantiene a flote. Por debajo cuelga una cabellera de raíces plumosas que puede pasar de treinta centímetros y que filtra partículas del agua. La inflorescencia es diminuta, verde y escondida en el centro de la roseta, hasta el punto de que suele pasar inadvertida.

La reproducción es la clave del problema, y es vegetativa. Cada roseta emite estolones cortos que terminan en una roseta hija, que a los pocos días emite los suyos. En agua cálida y con nutrientes, una población puede duplicar su superficie en una o dos semanas, y una sola planta olvidada en un rincón cubre una balsa en un verano. Además produce semilla, que sedimenta y aguanta en el fango, de modo que una limpieza superficial no garantiza haber terminado.

Su freno natural es el frío: el crecimiento se detiene por debajo de unos 15 °C y las heladas destruyen las rosetas. Por eso en el interior peninsular tiende a desaparecer en invierno, mientras que en tramos de río del sur y del levante, en aguas remansadas y templadas y en puntos con vertidos de agua caliente, sobrevive el invierno y arranca en marzo con la población ya instalada.

Rosetas flotantes de Pistia stratiotes en la superficie del agua

El daño, paso a paso

Lo que hace grave a una flotante no es que ocupe sitio, sino la cadena de efectos que dispara al cerrar la superficie.

Se apaga la luz. Un tapiz continuo deja el agua a oscuras. Las plantas sumergidas y el fitoplancton, que son la base de la producción del sistema, dejan de fotosintetizar y mueren.

Se agota el oxígeno. Sin fotosíntesis bajo el tapiz, y con toneladas de materia vegetal muriendo y descomponiéndose de forma continua, el oxígeno disuelto cae. Aparecen condiciones anóxicas, mortandades de peces e invertebrados y liberación de compuestos reducidos desde el fondo.

Se pierde agua. La evapotranspiración del tapiz supera con holgura la evaporación de una lámina libre, lo que en embalses y canales de riego se traduce en pérdidas medibles justo cuando más falta hace el agua.

Se atasca todo. Rejas, bombas, tomas de riego, azudes y compuertas se colapsan con la masa vegetal, y la navegación y la pesca se vuelven imposibles. La cabellera de raíces, además, ofrece un hábitat excelente para larvas de mosquito.

Se empobrece la fauna. Anfibios, aves acuáticas buceadoras y peces autóctonos pierden a la vez alimento, oxígeno y estructura del hábitat. Cuando el tapiz se retira, el sistema no vuelve por sí solo al punto de partida.

Lo que enseña el Guadiana

El río Guadiana es el ejemplo español de hasta dónde llega esto. Desde mediados de los años dos mil, sus tramos medios sufren la invasión del camalote o jacinto de agua (Eichhornia crassipes), otra flotante ornamental con el mismo comportamiento que la lechuga de agua: llegada como planta de estanque, escapada al río y capaz de cubrir kilómetros de lámina.

Dos décadas de campañas de retirada mecánica, barreras flotantes, cosechadoras y vigilancia han consumido decenas de millones de euros de fondos públicos, y el problema sigue sin darse por cerrado, porque basta un rebrote a partir de fragmentos o de semilla para reiniciar el ciclo. En ese mismo sistema fluvial y en otras cuencas del sur se han detectado también núcleos de Pistia stratiotes. La lección es incómoda pero clara: retirar una flotante instalada cuesta órdenes de magnitud más que evitar que llegue.

Si tienes una en casa

Lo primero, no entrar en pánico y, sobre todo, no llevarla a ningún sitio con agua. Ni al río, ni a una acequia, ni a una charca, ni al inodoro o al desagüe, que en muchos municipios acaba conectando con un cauce.

El procedimiento correcto es retirar todas las rosetas con un salabre, incluidas las hijas pequeñas pegadas a los bordes, dejarlas secar por completo al sol sobre una superficie impermeable lejos del agua, o congelarlas, y depositar el material seco en bolsa cerrada en la fracción resto. El agua del estanque o del acuario no debe verterse a una zanja ni a un jardín en pendiente hacia un cauce. Después conviene revisar el recipiente durante unas semanas, por si germina semilla del fondo.

Si lo que se ha visto es una población en un río, embalse o canal, la actuación no es retirarla por cuenta propia sino comunicarla: confederación hidrográfica correspondiente, servicio autonómico de medio ambiente, SEPRONA o el 112. Una foto, la fecha y la localización exacta valen mucho, porque los focos jóvenes son los únicos que se erradican con facilidad.

Qué poner en su lugar

Un estanque puede tener sombra en la lámina, filtración biológica y buen aspecto sin recurrir a nada prohibido. Para cubrir superficie, el nenúfar blanco (Nymphaea alba) y el nenúfar amarillo (Nuphar lutea) hacen el mismo trabajo de sombreado y no se van del recipiente. Sumergidas para oxigenar y competir con las algas: Ceratophyllum demersum, Ranunculus aquatilis o Myriophyllum verticillatum. En la orilla y en las zonas de poca profundidad funcionan el lirio amarillo (Iris pseudacorus), Caltha palustris, Alisma plantago-aquatica, Sagittaria sagittifolia, Butomus umbellatus y juncos del género Juncus.

Conviene, eso sí, comprobar el nombre científico en la etiqueta antes de pagar. Otras flotantes y sumergidas de venta antigua comparten prohibición con la lechuga de agua: el propio Eichhornia crassipes, Salvinia molesta, Myriophyllum aquaticum, Ludwigia grandiflora y Ludwigia peploides, Cabomba caroliniana, Elodea nuttallii o Azolla filiculoides, entre otras. Un vivero serio sabrá decir de cuál se trata.

Lechuga de agua cubriendo por completo una lámina de agua

En resumen

Pistia stratiotes está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras y en la lista de especies invasoras preocupantes para la Unión Europea, así que venderla, tenerla, transportarla o soltarla es una infracción sancionable. Su multiplicación por estolones le permite duplicar la superficie ocupada en una o dos semanas, y el tapiz resultante deja el agua sin luz y sin oxígeno, arrasa la flora y la fauna acuáticas, dispara la pérdida de agua por evapotranspiración y colapsa canales y bombeos. La experiencia del Guadiana con el camalote muestra el coste de llegar tarde: decenas de millones de euros y un problema todavía abierto. Quien tenga una en casa debe secarla o congelarla y tirarla como residuo, nunca devolverla al agua, y sustituirla por nenúfares y plantas de ribera perfectamente legales.


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