Crassula es el género que da nombre a la familia Crassulaceae y reúne alrededor de dos centenares de especies suculentas, la mayoría del sur de África. En una casa española lo normal es tener una Crassula ovata, el árbol de jade, pero el género va mucho más allá: hay especies que forman arbolillos leñosos de dos metros, otras que se arrastran por el suelo como una alfombra, y otras diminutas que caben en un dedal.
Lo que casi todas comparten es un manejo muy concreto: sol, sustrato que drene rápido y prácticamente nada de agua entre noviembre y febrero. El error que mata a una Crassula no es la sequía, es el riego de invierno en una maceta que retiene humedad. Con eso claro, son de las suculentas más fáciles de mantener vivas durante años en la Península.
Qué es una Crassula y dónde vive
El género se distribuye de forma natural por África, Europa, América, Australia y Nueva Zelanda, pero su centro de diversidad está en la Provincia del Cabo, en Sudáfrica, y en Namibia. Esa zona tiene un clima con lluvias concentradas en una estación y una larga sequía en la otra, algo bastante parecido a lo que pasa en el sureste peninsular. Por eso muchas Crassula se comportan tan bien en Alicante, Murcia, Almería o Málaga plantadas directamente en el jardín.
Las formas de crecimiento varían enormemente dentro del género. Hay especies arbustivas y casi arbóreas, como Crassula ovata o Crassula arborescens, con tronco engrosado y corteza que se agrieta con los años. Hay especies de tallos apilados en los que las hojas se disponen en cuatro filas cruzadas, como Crassula perforata o Crassula rupestris. Hay tapizantes como Crassula multicava, capaz de cubrir un talud en sombra. Y hay rarezas como Crassula muscosa, con tallos finísimos cubiertos de escamas verdes.
Las flores son, en la mayoría de las especies, pequeñas, estrelladas y de color blanco o crema, agrupadas en inflorescencias densas. Lo que llama la atención no es cada flor por separado, sino la masa: un jade adulto en flor a finales de invierno se cubre entero. Hay excepciones vistosas, como Crassula coccinea, de flores rojas tubulares y grandes.
El árbol de jade y sus parientes de interior
Crassula ovata es la especie que sostiene la fama del género. Hoja redondeada, brillante, verde intenso, con el borde teñido de rojo cuando recibe sol directo. Ese ribete rojo no es una variedad ni un problema: es la respuesta de la planta a la luz fuerte. Un jade cultivado en penumbra pierde el color, alarga los entrenudos y acaba con ramas largas y hojas separadas que se doblan por su propio peso.
Del jade hay cultivares muy extendidos. 'Hobbit' y 'Gollum' tienen las hojas enrolladas en forma de tubo, con el ápice cóncavo o abombado. 'Tricolor' y las formas variegadas llevan bandas crema y necesitan algo más de protección frente al sol de julio, porque las zonas sin clorofila se queman antes. Crassula arborescens se distingue por su hoja gris azulada, casi circular, con puntos rojizos.
En interior, el problema no suele ser el frío sino la luz. Un jade colocado a más de un metro de la ventana no recibe luz suficiente por mucho que a nosotros nos parezca una habitación clara. Si la planta se estira y las hojas nuevas salen más pequeñas que las viejas, hay que acercarla al cristal o sacarla a una terraza.
Sustrato, maceta y riego
El sustrato tiene que secarse en pocos días. Una mezcla que funciona bien es sustrato universal de calidad aligerado con material mineral (arena de sílice de grano grueso, pómice, picón volcánico o akadama) en una proporción de aproximadamente mitad y mitad. Si el agua tarda más de una semana en desaparecer de la maceta, la mezcla es demasiado retentiva para estas plantas.
La maceta de barro sin esmaltar ayuda mucho, porque evapora por la pared y acorta el tiempo que el cepellón pasa húmedo. En plástico hay que reducir la frecuencia de riego. El agujero de drenaje es obligatorio, y el plato bajo la maceta se vacía siempre después de regar.
La pauta de riego es simple: se moja bien todo el cepellón, se deja escurrir y no se vuelve a regar hasta que el sustrato está seco en profundidad. En primavera y otoño eso puede ser cada diez o quince días en exterior; en pleno verano, algo más a menudo; en invierno, con la planta parada y las noches frías, lo correcto es casi no regar. En una terraza a la intemperie en el norte peninsular, con lluvia frecuente, conviene resguardar las macetas bajo un alero durante el invierno.
Frío, sol y cultivo al aire libre en España
Las Crassula no son plantas de montaña. Aguantan mal las heladas y el jade sufre daños en las hojas cuando la temperatura baja de cero, sobre todo si el sustrato está húmedo. En el litoral mediterráneo y en Canarias se pueden plantar en el suelo del jardín sin más precaución. En el interior peninsular, con heladas de varios grados bajo cero, hay que cultivarlas en maceta y meterlas en un porche, un invernadero frío o una habitación luminosa sin calefacción durante los meses fríos.
El sol lo agradecen, pero la exposición hay que ganarla poco a poco. Una planta que ha pasado el invierno dentro de casa y sale de golpe al sol de mayo se quema: aparecen manchas secas, blanquecinas o marrones, que ya no se recuperan. La aclimatación se hace en dos o tres semanas, primero a sombra luminosa, luego a sol de mañana. En zonas de verano muy duro, la sombra de las horas centrales de julio y agosto evita disgustos.
Multiplicación
Es de las cosas más agradecidas del género. Se puede partir de una hoja entera arrancada limpiamente por la base, de un esqueje de tallo de unos diez centímetros o de un hijuelo enraizado. En los tres casos el paso importante es dejar secar el corte al aire, a la sombra, hasta que cicatrice, lo que suele llevar de tres días a una semana según el grosor.
Después se apoya el esqueje sobre una mezcla seca y arenosa, sin enterrarlo mucho, y se mantiene el sustrato apenas humedecido hasta que salen las raíces. El momento del año importa: en primavera y a comienzos de otoño enraízan rápido, en pleno invierno se pudren. Los esquejes de tallo son más rápidos que los de hoja, que pueden tardar meses en formar una planta reconocible.
Problemas frecuentes
La cochinilla algodonosa es la plaga habitual, escondida en las axilas de las hojas y en el cuello de la planta, con ese aspecto de pequeños copos blancos. Se detecta revisando la planta al trasplantar. La cochinilla de raíz es más traicionera, porque no se ve hasta que se saca el cepellón. La prevención razonable es cuarentena de las plantas nuevas, revisión periódica y no encharcar.
La caída repentina de hojas sanas suele ser un problema de raíz: exceso de agua, sustrato compactado o frío con humedad. Las hojas arrugadas y blandas indican pudrición; las arrugadas pero firmes, simple sed. La base del tallo blanda y marrón es podredumbre avanzada, y lo único que se puede salvar en ese punto es un esqueje de la parte alta que todavía esté sana.
Toxicidad y una especie problemática
El árbol de jade figura entre las plantas consideradas tóxicas para perros y gatos por ingestión. Los animales rara vez las buscan, pero un gato joven puede mordisquear las hojas carnosas. Si un animal ha comido parte de la planta, la consulta es al veterinario, no un remedio casero.
Hay además una especie del género con un problema serio, y no es de jardín: Crassula helmsii, una crasa acuática originaria de Australia y Nueva Zelanda. Está incluida en la lista de especies exóticas invasoras preocupantes para la Unión Europea, aprobada al amparo del Reglamento (UE) 1143/2014. Eso significa que su venta, cultivo, transporte y liberación en el medio están prohibidos en todo el territorio de la Unión. Coloniza charcas, orillas y humedales formando alfombras densas que desplazan a la flora acuática autóctona, y se reproduce a partir de fragmentos mínimos de tallo, de modo que cualquier intento de arrancarla a mano la extiende. Si aparece en un estanque, lo procedente es avisar al servicio de medio ambiente de la comunidad autónoma.
En resumen
Crassula es un género amplísimo del que la jardinería española aprovecha sobre todo el árbol de jade y unas cuantas especies de tallos apilados y porte tapizante. Todas piden lo mismo: luz abundante, sustrato mineral que seque en días y riego espaciado que se reduce casi a cero en invierno. En el litoral mediterráneo viven en el jardín sin cuidados; tierra adentro conviene cultivarlas en maceta para poder resguardarlas de las heladas.
La multiplicación por hoja o por esqueje es tan sencilla que no hay razón para comprar plantas nuevas: basta con dejar cicatrizar el corte y esperar. Conviene recordar dos cosas fuera del cultivo ornamental, que el jade se considera tóxico para perros y gatos por ingestión, y que Crassula helmsii es una invasora acuática prohibida en la Unión Europea que nunca debe acabar en un estanque.