El árbol de la quina no es una especie, sino un grupo: el género Cinchona, de la familia de las rubiáceas, con una veintena larga de especies repartidas por el bosque nublado de los Andes, desde Colombia y Venezuela hasta Bolivia. De su corteza se extrajo durante tres siglos la quinina, y esa corteza es el motivo por el que este árbol tiene una historia mucho más grande que su tamaño.

Dicho esto, y porque casi todo lo que se escribe sobre la quina va por ahí: aquí no vas a encontrar usos ni preparaciones. La quinina es hoy un medicamento sujeto a prescripción médica, con efectos adversos descritos y serios, y la corteza de la que procede no es un remedio casero. En la Unión Europea no hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas para prácticamente ninguna de estas plantas, y las que existen están en el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión, no un artículo de internet.

Bosque húmedo de montaña con helechos arbóreos El ambiente de las quinas: bosque de niebla, húmedo todo el año y con helechos arbóreos en el sotobosque.

Cómo es el árbol

Las quinas son árboles de talla media, de tronco recto y copa poco densa, que viven en la franja de bosque nuboso de la vertiente oriental andina, donde llueve o niebla prácticamente todo el año y la temperatura se mantiene fresca y sin heladas.

La hoja es grande, entera, opuesta y de nervios muy marcados, y en varias especies las hojas viejas viran a rojo intenso antes de caer, lo que da al árbol un aspecto moteado muy reconocible. Las flores son pequeñas, tubulares, rosadas o blanquecinas, agrupadas en panículas, y tienen un detalle inconfundible: el borde de los lóbulos de la corola está cubierto de pelos blancos, como un fleco. El fruto es una cápsula seca y alargada que se abre y suelta semillas diminutas y aladas.

Hojas grandes de Cinchona pubescens con algunas hojas viejas de color rojo Follaje de Cinchona pubescens, con las hojas viejas enrojecidas antes de caer.

El nombre, y un error que nunca se corrigió

La versión que se repite es que el género se llama Cinchona en honor a la condesa de Chinchón, esposa de un virrey del Perú, curada de unas fiebres con el polvo de esta corteza en el siglo XVII. La historia es bonita y es falsa: la investigación documental sobre los diarios y la correspondencia de la familia del virrey desmontó el episodio hace décadas, y hoy se considera una leyenda formada a posteriori.

Linneo, que fue quien fijó el nombre del género, se lo dedicó de todos modos, y además escribió Cinchona en lugar de Chinchona. La norma de prioridad de la nomenclatura botánica mantiene la grafía original, así que el error se quedó y ahí sigue.

Quina, quinaquina, cascarilla

Los nombres anteriores a Linneo son los interesantes. Quina y quinaquina son voces quechuas que designaban la corteza. Cascarilla es el nombre que usaron los españoles, y cascarilleros se llamó a los hombres que se internaban en el bosque a buscar los árboles y descortezarlos. En Europa la droga circuló como polvo de los jesuitas o polvo de la condesa, según quién la vendiera.

Cómo llegó a Europa

La corteza empezó a viajar a Europa en el siglo XVII a través de la red de misiones jesuitas, que la distribuyeron por Roma y desde allí por el continente. Llegó en un momento en que las fiebres intermitentes eran un problema de salud de primer orden en las zonas pantanosas europeas, y en que la medicina occidental no tenía absolutamente nada que ofrecer frente a ellas.

Su recepción fue conflictiva. Parte de la medicina académica de la época la rechazó porque no encajaba en la teoría de los humores, y en algunos países protestantes su origen jesuita jugó en contra. Aun así se impuso, porque funcionaba.

Un comercio que se comía el bosque

Durante dos siglos, el suministro dependió por completo de árboles silvestres. El procedimiento de los cascarilleros consistía en localizar el árbol, descortezarlo y, en la práctica, matarlo. No había plantaciones, no había reposición y la presión se fue desplazando de valle en valle a medida que se agotaban los rodales accesibles.

En 1820, dos químicos franceses, Pelletier y Caventou, aislaron la quinina de la corteza. Eso permitió dosificar por primera vez un principio activo en lugar de administrar un polvo de concentración desconocida, y disparó la demanda todavía más. A mediados del siglo XIX, las repúblicas andinas controlaban una materia prima estratégica y prohibían la salida de semillas y plantas vivas.

El contrabando que rompió el monopolio

Lo que vino después es uno de los grandes episodios de espionaje botánico de la historia. Por un lado, una expedición británica dirigida por Clements Markham sacó plantas y semillas de los Andes a comienzos de la década de 1860 para establecer plantaciones en la India.

Por otro, un comerciante británico afincado en Perú, Charles Ledger, obtuvo semillas de altísimo contenido en quinina gracias a Manuel Incra Mamani, un aymara que trabajaba con él y que recorrió el bosque boliviano hasta dar con los árboles adecuados. Los británicos no quisieron la partida; los holandeses sí, y con ella levantaron en Java las plantaciones que llegaron a abastecer a casi todo el mundo. Mamani fue detenido en Bolivia años después, al intentar conseguir más semilla, y murió a consecuencia de aquello. Ledger murió pobre. El negocio se quedó en Ámsterdam.

Ese monopolio holandés duró hasta la Segunda Guerra Mundial. Cuando Japón ocupó Java en 1942 y el suministro se cortó de golpe, la carrera por sintetizar sustitutos se aceleró, y de ahí salieron los antipalúdicos de síntesis que desplazaron a la quinina natural.

Flores tubulares rosadas de quina con los bordes de la corola cubiertos de pelos blancos Las flores del género Cinchona, con el fleco de pelos blancos en el borde de los lóbulos.

Qué es hoy la quinina

La quinina sigue existiendo como medicamento, sujeto a prescripción y con un perfil de efectos adversos que obliga a vigilarlo: hay un cuadro clásico asociado a su uso, con acúfenos, dolor de cabeza, náuseas y alteraciones visuales, y reacciones hematológicas descritas. Esa es toda la información que corresponde dar en una página de plantas. Lo demás lo decide un médico.

Donde sí te la vas a encontrar sin receta es en la tónica, donde se emplea en cantidad pequeña como aromatizante amargo. Por eso el Reglamento (UE) 1169/2011 obliga a indicar en la etiqueta que la bebida contiene quinina, y el Reglamento (CE) 1334/2008 fija el máximo permitido en bebidas. Es un ingrediente aromático regulado, nada más.

El árbol del escudo, y una planta invasora

El árbol de la quina figura en el escudo nacional del Perú como símbolo de la riqueza vegetal del país, y tanto Perú como Ecuador reivindican el origen de la cascarilla. Es probablemente el único árbol que ha acabado en la bandera de un Estado por lo que contiene su corteza.

La otra cara está fuera de los Andes. Cinchona pubescens figura en la lista de las cien especies exóticas invasoras más dañinas del mundo del Grupo Especialista en Especies Invasoras de la UICN, por su comportamiento en las islas Galápagos y en Hawái, donde las plantaciones abandonadas se escaparon y transformaron la vegetación nativa de altura. No me consta que la especie figure en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, así que no la cito ahí.

¿Se puede cultivar en España?

En la práctica, no. Son árboles de bosque nuboso tropical de montaña: necesitan humedad atmosférica alta y constante, lluvia repartida todo el año, temperaturas suaves sin extremos y ausencia total de heladas. Ese conjunto no se da al aire libre en el territorio español, y ni siquiera en las medianías canarias se reproduce la humedad permanente que piden. Fuera de una colección de invernadero tropical, no es una planta de jardín.

En resumen

El árbol de la quina es un grupo de árboles andinos de bosque de niebla, de hoja grande y flores tubulares con el borde peludo, cuya corteza sostuvo durante trescientos años el único tratamiento eficaz que Europa tuvo contra las fiebres palúdicas. Esa corteza desencadenó una explotación que arrasó rodales enteros, un monopolio de Estado y un contrabando de semillas que terminó trasladando el negocio a Java.

De todo eso queda la historia, que merece contarse, y una advertencia sencilla: la quinina es un medicamento con receta y con efectos adversos conocidos, no un remedio de herbolario, y la planta que la produce no se cultiva aquí.


Contenidos relacionados