El árbol de la bala de cañón es Couroupita guianensis, un árbol tropical americano de la familia de las lecitidáceas, la misma a la que pertenece el árbol de la nuez de Brasil. Se le llama así por sus frutos: esferas leñosas, pardas y pesadas que cuelgan del tronco y que, cuando caen, se abren contra el suelo con un golpe seco. No es un árbol de jardín, ni aquí ni en casi ningún sitio: es una rareza de colecciones botánicas y de avenidas tropicales, y lo que lo hace famoso son sus flores.

Conviene decir desde el principio dos cosas prácticas. La primera es que en España no se cultiva al aire libre: necesita calor constante y humedad alta durante todo el año, y donde se ve es en invernaderos tropicales. La segunda es que, allí donde se planta en zonas de paso, se acaba acotando el suelo bajo la copa, porque un fruto de este tamaño cayendo desde varios metros hace daño de verdad. Su pulpa, además, huele mal y no es un alimento.

Árbol bala de cañón en flor Racimos floridos saliendo directamente del tronco, con flores abiertas y botones en distinto grado de desarrollo.

Cómo es el árbol

Es un árbol grande de bosque tropical húmedo, de tronco recto y copa amplia, originario del norte de Sudamérica y de la zona del Caribe continental. Las hojas son simples, de borde entero y agrupadas hacia el extremo de las ramillas; en climas con estación seca marcada las pierde durante un periodo corto y vuelve a brotar después.

Lo que rompe con cualquier árbol conocido no es el porte sino lo que le sale del tronco. De la corteza brotan ramas floríferas largas, gruesas y ramificadas, que no llevan hojas y que se van alargando año tras año hasta formar una maraña colgante que puede cubrir varios metros de fuste. De esas ramas salen las flores y, después, los frutos. El resultado es un tronco vestido de flores rosas y de bolas pardas al mismo tiempo.

La flor, que no es una flor cualquiera

Las flores son grandes, carnosas y muy perfumadas, con seis pétalos que van del rojo y el rosa intenso por fuera a tonos más pálidos y amarillentos por dentro. Pero lo verdaderamente raro está en el centro.

El aparato masculino de la flor está dividido en dos partes con funciones distintas. Hay un anillo de estambres fértiles en la base y, sobre él, una estructura curvada en forma de capucha o de capirote cargada también de estambres, pero cuyo polen es estéril. Los abejorros y las abejas grandes que la visitan se posan sobre la capucha para recoger ese polen estéril, que funciona como cebo alimenticio, y al hacerlo se cargan de espaldas el polen fértil del anillo inferior. Es un mecanismo de polinización por engaño parcial, y explica tanto la forma extraña de la flor como su tamaño.

Las flores no producen néctar, así que todo el trato con el insecto se paga en polen. Duran poco abiertas, pero el árbol abre tandas nuevas continuamente durante meses, que es lo que da la impresión de floración permanente.

Flor del árbol bala de cañón vista de cerca Detalle de la flor: el anillo de estambres fértiles en la base y la capucha curvada que lleva el polen estéril.

Caulifloria: por qué florece en el tronco

Que las flores salgan del tronco y de las ramas viejas en lugar de los brotes del año se llama caulifloria, y no es un capricho de esta especie. Es un rasgo frecuente en árboles de bosque tropical húmedo, y comparte lista con el cacao, la papaya, el jaboticaba o la propia guanábana.

Flores de bala de cañón junto a la corteza del tronco Las flores nacen pegadas al tronco, cuya corteza se ve al fondo, y no en los brotes tiernos del año.

La explicación más aceptada tiene que ver con quién poliniza y quién dispersa. En el interior de un bosque denso, la luz y el tráfico de animales grandes están abajo, no en la copa. Flores y frutos situados a la altura del sotobosque quedan al alcance de abejas, murciélagos y mamíferos terrestres, y además el tronco soporta sin problema el peso de frutos que una ramilla joven no podría sostener. En esta especie las dos ventajas se cumplen a la vez: flores accesibles y frutos de varios kilos colgando de estructuras leñosas resistentes.

El fruto y su olor

El fruto es una esfera de corteza leñosa, dura, de color pardo grisáceo, que puede alcanzar unos 20 a 25 centímetros de diámetro. Tarda muchos meses en desarrollarse, hasta más de un año, y luego permanece colgado bastante tiempo antes de desprenderse.

Por dentro hay una pulpa blanda con numerosas semillas embebidas. Mientras el fruto está cerrado no huele a nada, pero en cuanto la corteza se rompe la pulpa se oxida, toma un tono azulado y después negruzco, y desprende un olor francamente desagradable. En su área de origen ese olor atrae a animales que se comen la pulpa y dispersan las semillas, que es exactamente para lo que está. Para una persona, no es fruta comestible y no tiene ningún interés culinario.

El árbol sagrado y una confusión de nombres

Fuera de América, donde más ejemplares hay plantados es en el sur y el sudeste de Asia, sobre todo en templos. En la India se le conoce como nagalinga o árbol del naga, porque en el centro de la flor se ve la capucha curvada de estambres y se interpreta como la cobra que protege el linga de Shiva, y es habitual encontrarlo en recintos religiosos.

De ahí viene un equívoco que se repite mucho: no es el árbol sal de la tradición budista. El sal es Shorea robusta, una dipterocarpácea asiática sin ninguna relación con esta especie, y la confusión se debe a que en algunos templos se plantó el americano en lugar del autóctono por su vistosidad. Los dos se llaman a veces igual en los carteles, pero son árboles distintos de familias distintas.

Se puede tener en España

Con franqueza: fuera de un invernadero cálido, no. Es una especie de trópico húmedo que no tolera el frío ni el aire seco, y que además necesita espacio y muchos años para llegar a florecer, porque la caulifloria no aparece en ejemplares jóvenes. Ni siquiera en las zonas más suaves del litoral mediterráneo hay condiciones para que prospere al aire libre, y en cultivo en maceta se queda en una planta de hoja sin ningún interés ornamental.

Donde sí se puede ver es en los invernaderos tropicales de jardines botánicos, que es el sitio lógico para un árbol así. Si viajas a una ciudad tropical y te lo encuentras en una avenida, fíjate en el suelo bajo la copa: es probable que esté vallado o señalizado por los frutos que caen.

Nada de propiedades

El texto que había antes en esta página incluía un apartado de «propiedades», y es un apartado que sobra. No hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas en la Unión Europea para prácticamente ninguna de estas plantas, y las que existen están en el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión Europea, no un artículo de internet. En su área de origen se documentan usos tradicionales de hojas y corteza, pero eso es etnobotánica, no una indicación: no sustituye a un tratamiento ni a una consulta médica, y el fruto, como se ha dicho, no es un alimento.

En resumen

El árbol de la bala de cañón es Couroupita guianensis, un árbol sudamericano que florece directamente sobre el tronco y cuyos frutos esféricos y leñosos le han dado el nombre. Su flor tiene una de las estructuras más curiosas que se pueden ver en un árbol, con una capucha de estambres estériles que funciona como reclamo para las abejas, y su caulifloria lo convierte en un manual de botánica tropical en una sola imagen.

Es también un árbol del que conviene saber lo que no es: no es frutal, su pulpa huele mal y no se come, no es el árbol sal de los textos budistas, y no se puede cultivar en España fuera de un invernadero cálido. Lo que queda, que es la flor, ya es bastante.


Contenidos relacionados